Algo que no se transmite ni difunde oficialmente, porque es una nueva sensación, es que la economía mundial trastabilla de manera cada vez más acentuada. En toda Europa, Medio Oriente, Asia o Norteamérica ya se adoptan medidas para contrarrestar los efectos de una creciente caída de economías con desastrosas consecuencias de depresión colectiva apuntando a todos los niveles y actividades. No podemos evitar con las modestas reservas de que hacemos gala que nos afecten las caídas de las grandes economías mundiales, produciendo aquí más desocupación, inflación y hambre con todas las secuelas que aportan y las inquietudes sociales que tornan incontrolables y acuciantes toda gestión ordenada. Y los que pretenden convertirse en magos de las finanzas dejando trascender soluciones casi maquiavélicas para paliar las circunstancias que nos envuelven: se habla de intervenir bancos o entidades capitalistas como si ellas solas pudieran cambiar el curso de los acontencimientos, sumando los bonos del Estado a 50 años o agregando sistemas de salud prepagos, o las reservas de regímenes jubilatorios provinciales, para cambiar de un plumazo el destino para el que fueron creados, tal como sucedió con las Afjp o lo que se está manipulando ahora la Ansés. ¿Hasta cuándo? Todos estos síntomas constituyen un panorama lleno de negros nubarrones bajo el cual debemos coexistir temblando de impotencia y esperando cada día un nuevo manotazo a las reservas que llevaron años para conformarse creciendo junto a las ilusiones de sus aportantes de llegar a una vejez feliz, sin problemas y que hoy se les niega. Es una candorosa muestra de credibilidad y con la misma inocencia de una madurez infantil, la mayoría todavía cree y apoya sin reparos la reelección, decidiendo dejar a un lado los errores, mentiras y actos absurdos como el veto al 82 por ciento jubilatorio y los evidentes manejos políticos que favorece la vagancia y asegurarse su apoyo mayoritario en los actos políticos que se suceden con cualquier motivo. Es de destacar que en un nuevo mandato se elaboren planes de gobierno sensatos, que se incorporen funcionarios idóneos y honestos, eliminando burócratas y asesores que sólo tratan de conservar sus canonjías oponiéndose a ideas renovadoras, que harían justicia restituyendo de las excesivas reservas, lo que en realidad pertenece a los sacrificados aportantes.
































