San Francisco (Córdoba).- En la terminal de ómnibus, en los comercios, en el remís
o en la calle, el tema surge obligado. Como un desahogo en pequeñas cuotas, el dolor masificado de
los sanfrancisqueños asoma de los labios en cada expresión, en toda circunstancia y durante todo el
día. En el aire se respira dolor y en el diálogo se palpa la angustia que unificó a la ciudad por
el caso policial más aberrante que recuerdan.
El 8 de julio, el asesinato a puñaladas de Natalia Vercesi, de 27 años, y de la
beba de 6 meses que gestaba, anestesió a la ciudad y la sumió bajo un manto de dolor que trascendió
la región y ocupó las primeras planas de los medios del país.
Desde entonces se dispararon innumerables versiones y teorías sobre el caso. La
primera fue la brindada inmediatamente después del hecho por el esposo de la víctima, Alejandro
Bertotti, de 35 años, quien dijo a los investigadores que dos jóvenes con intenciones de robo los
sorprendieron e ingresaron a su vivienda de Urquiza 94 cuando estacionaban el auto de la familia en
el garaje.
Fueron 24 puñaladas en el cuerpo de la mujer y sólo algunos golpes para él, lo
que sembró un mar de dudas en los investigadores. Además, la escena del crimen no condecía con la
hipótesis de un asesinato durante un robo. Para los pesquisas resultó sumamente extraño que dos
ladrones se defendieran con tanta saña de una mujer menuda y embarazada, y no de un atlético
basquetbolista.
Esta teoría, con el paso de los días y la confesión de Leandro Forti, un pibe de
19 años que se entregó a la policía y confesó haber recibido dinero de Bertotti para asustar a
Natalia, fue reemplazada por la de un crimen pasional cuyo móvil se centraría en la paternidad del
bebé que esperaba Natalia. Un dato que el fiscal espera establecer con el resultado de los análisis
de ADN realizados al feto.
Tufillo a droga.Hay quienes van más allá y aventuran un ajuste de cuentas
vinculado al mundo de la droga. Imaginan a un kinesiólogo ambicioso devenido en dealer que no
cumplió con los códigos. En ese contexto recuerdan dos casos resonantes ocurridos en la ciudad que
quedaron impunes. En uno un hombre apareció muerto en su camioneta con los testículos cortados y
atados a su cuello con un alambre de púas. El otro tuvo como víctima a un matrimonio amenazado que,
a pesar de la custodia policial, fue asesinado en su departamento sin que nadie lo advirtiera.
Después de graduarse en un colegio religioso, la vida deportiva de Alejandro lo
llevó a niveles destacados en las ligas provinciales de básquet y le valieron alcanzar la meta de
jugar en el TNA. Paralelamente estudió kinesiología y fisioterapia. "Siempre fue un muchacho bueno,
tranquilo y de trato agradable", dicen sus compañeros de la clínica donde trabajaba. Su madre es
ama de casa y el papá es empleado de una compañía de seguros.
Estudio y trabajo. Víctor Vercesi, en tanto, continuó con éxito la
administración de la ferretería y del taller de rectificación de autos que su padre fundó hace 60
años. Junto a Rita erigió el hogar en el que nacieron Gabriel, de 38 años, y Natalia. Trabajaron y
se esforzaron para que sus hijos estudien. Ambos completaron la escuela secundaria en el Colegio
Normal. El muchacho se licenció en educación física y Natalia se inclinó por una tecnicatura en
administración de empresas. Después de graduarse, ambos trabajaron en el negocio familiar.
"Natalia fue siempre tranquila, tímida y hasta temerosa. Vivía para su hija (de
5 años). Del trabajo iba a su casa, a la de mis padres o a la de sus suegros, porque había
comunicación muy fluida entre las familias", contó Gabriel Vercesi a La Capital. "Nada hacía
sospechar que podría ocurrir una desgracia semejante. Nunca hubo indicios de conflicto y la
relación entre ellos era como la de cualquier matrimonio", dijo.
"Ella era muy afectuosa, como otra madre para mis hijos —dos varones de 15
y 11 años—, que visitaban a la prima con mucha frecuencia y a veces se quedaban a comer y a
dormir en la casa de Natalia".
Gabriel conoció a Alejandro desde chico, fue amigo antes que cuñado y compartían
amistades, lugares de encuentro y largas horas de entrenamiento pedestre y en bicicleta. "Estoy muy
mal por la muerte de mi hermana. Me duele mucho lo que está pasando. Ver a mi cuñado preso y que la
gente juzgue sin sentido. Me gustaría verles la cara si después se revierte esta situación", dijo
con indignación.
Mentiras de familia.También se mostró ofuscado por la versión pasional del
crimen de Natalia. "Me juego la vida por ella y sé con certeza que no tenía a nadie más que a su
marido. Todos los medios pusieron en duda su comportamiento y hasta dijeron que los hijos no eran
de Alejandro. Eso es todo mentira. Además no dan los tiempos. Alternaba entre su casa y la de mi
mamá y cuando no era así, la visitábamos sin condicionamientos. Nunca pudo tener otra
relación".
Más allá de que algunas versiones indican que Natalia y Alejandro habrían
mantenido una relación patológica, Gabriel cuenta que "ninguno de los dos integrantes de la pareja
tenía celos del otro. Vivían tranquilos, era muy raro que salieran solos y el trato entre ellos era
cordial".
"Era común que fueran a cenar con otras parejas o se reunieran en su casa.
También se juntaban a comer con mis padres y con el grupo de trabajo de Alejandro. Con las familias
nos juntábamos todos los domingos y estábamos organizando pasar el 9 de Julio en la quinta
familiar". También eran comunes las salidas anuales en familia a los lugares de veraneo.
El hermano de Natalia además da por tierra con la sostenida versión de que ambos
venían del supermercado cuando ingresaron a la casa y ocurrió la tragedia. "Ella hacía 15 días que
no salía de la casa porque, por su embarazo, se cuidaba de la gripe A. Una semana antes le dio a mi
mamá una lista para las compras. Es todo muy extraño porque la nena tendría que haber ido a la casa
en ese momento. Ya era hora de que los abuelos la llevaran con sus papás e incluso él tenía que
volver a la clínica para atender a varios pacientes", afirmó.
Sobre las hipótesis que maneja su familia, Gabriel dijo que fueron muy numerosas
aunque aclaró que no tuvieron acceso al expediente porque no se presentaron como querellantes. "No
creo en el móvil pasional. Si es así, tendremos que aceptarlo, pero me parece una versión
inconsistente".
También contó que la hija de Natalia y Alejandro está con los abuelos Vercesi
que se ausentaron de la ciudad a un lugar no especificado. "Ella está bien, con contención
profesional. Antes empezaron a atenderla por la ausencia de la mamá y ahora se agrega la del
papá".
En San Francisco, el conocimiento colectivo se divide entre quienes creen y los
que juzgan. Todos animan teorías, arriesgan datos y tejen su propia versión que simplemente refleja
el deseo desesperado de saber cómo ocurrió, cuáles fueron los motivos y cómo resolverá el misterio
la justicia de los hombres.
Una explicación
"Hasta que no tengamos pruebas contundentes continuaremos con una postura
defensiva hacia Alejandro. No creemos en la hipótesis del móvil pasional y esperamos que la
Justicia nos explique qué pasó. Hasta ahora creemos que él es inocente, como creemos en el trabajo
de quienes investigan", dijo Gabriel Vercesi.