Luego de haber soportado durante largos días el tratamiento televisivo del accidente de la familia Pomar, cabe la reflexión sobre todas las barbaridades acuñadas en las mentes enfermizas de los movileros, que en última instancia pone al descubierto ese síndrome que fuera caracterizado por Erich Fromm como necrofilia, y que está presente en las "conclusiones" a que iban arribando día a día los portadores de las cámaras de TV. Tantas versiones se tejieron que eran descabelladas, ignorando la principal, que en última instancia fue la verídica. Un accidente en las rutas, como suele ocurrir a diario. Algunas muy crueles se metían profundamente y hasta con lujo de detalles dentro de la intimidad del mismo matrimonio, de su familia, de su profesión, etcétera. Como se había recibido en una escuela secundaria técnica y tenía el título de químico, no a nivel terciario, se lo relacionó con los medicamentos y con las mafias que han lucrado con la vida humana. Después se pasó a las "malas relaciones" de la pareja y hasta se habló del carácter violento de Pomar. Se pasó luego a complicar cualquier relación de familia y hasta "supieron" que podían estar enterrados en el campo de uno de los familiares. Se habló de la tenencia de un arma que "sabían" había sido comprada un tiempo antes. Según fuera expresado como teoría, "habría" eliminado a su esposa e hijas y huido hacia otros destinos permaneciendo escondido. Creo que la bacteriemia de los movileros ya se ha transformado en septicemia y ha producido daños cerebrales que imponen una rápida autocrítica de los mismos y/o un freno de los propietarios de los canales televisivos, que deben tener la responsabilidad de diferenciar la libertad "de", con la libertad "para". Por cierto que la primera puede transformarse en libertinaje y no contribuye al crecimiento social ni individual. Los delirios detectivescos no contribuyen a la pacificación de las sociedades violentas.

































