He leído una carta con mucha atención publicada el día 22 de julio pasado y coincido plenamente con sus afirmaciones cuando hace referencia a Víctor Hugo Morales, periodista apologético del gobierno nacional. Tal vez al distinguido autor de la carta le faltó decir que a estos personajes tan versátiles en sus posiciones políticas pasan tan desenmascaradamente de posturas ardorosamente críticas a las más burdas salamerías en favor del gobierno de turno como lo ha hecho a su tiempo Víctor Hugo Morales para encontrar su sendero apetecido. Estas actitudes no son ingenuas sino que se encaminan hacia el centro de sus intereses crematísticos, escondiendo el bulto según sus conveniencias. En efecto, lo que esbozan es la verdad para evitar que "su" público conozca el voluminoso monto de su contratación, en este caso por el programa "De zurda". Este tipo de personajes, en particular Morales, flaco favor le hacen a sus compatriotas uruguayos tan pulcros y cuidadosos en las cuestiones de ética, moral y formas, cuando trazan estas trayectorias. Pero cuando ven venir la noche de su popularidad intentan salir de la soledad en que van cayendo, poblándola de aullidos que esparcen a los cuatro vientos a través de cualquier maniobra ahora junto a Maradona, y aprovechándose del apoyo del gobierno para poder obtener sus pingües ganancias asestándole duros golpes verbales a los jugadores alemanes que festejaban pacíficamente su triunfo, tal vez menos duro que las que se enlazaban entre simpatizantes argentinos y brasileños. Debemos ser buenos ganadores, pero también buenos perdedores. Nuestra representación en el Mundial ha estado constituida por un grupo de ejemplares deportistas que han puesto todo su esfuerzo y calidad futbolística, pero cayeron para nuestro profundo pesar en justa ley. Nos ganaron, perdimos, así como por muy poco pudimos haber obtenido la copa. Nos tocó perder, pero dimos un ejemplo en el campo de juego en todos y cada uno de los partidos jugados. Alemania es un gran país y reconocerlo no nos constituye en nazis; este juego que impulsa el pensamiento de ciertos sectores políticos oficiales de "conflicto permanente" ha terminado por hastiar al pueblo argentino que no ve solucionados los problemas cotidianos que lo aquejan. En nuestra Argentina hemos vivido muchos años sometidos a la violencia como para continuar evadiendo los encuentros necesarios de convivencia entre los argentinos. Las cuestiones económicas, de seguridad y ciertas bufonadas oficiales, así como las negaciones a las realidades trágicas, a las que se nos somete permanentemente desde hace largo tiempo, no son pocas cosas como para atender a este Víctor Hugo actual, uno de los mejores saltimbanqui vistos después de Borocotó, tan lejos de aquel que describió magníficamente el mentado gol a los ingleses del inasible Diego Maradona de entonces. Antes que caer en la trampa de las rencillas que generan estos periodistas funambulescos, miremos y escuchemos a los que desde las alturas de los pináculos verdaderos, otros "auténticos argentinos" nos marcan el sendero de conciliación y paz.





































