Marta Concepción Penayo, la mujer de 32 años que fue baleada el martes en un
prostíbulo del barrio de Pichincha cuando se resistió a un robo, murió ayer a la tarde en el
Hospital de Emergencias, donde había sido internada tras el ataque. Había recibido un proyectil que
le ingresó por la nuca y le quedó alojado en el cráneo provocándole graves heridas.
Marta falleció a las 17.10 de ayer. Diez minutos después, un médico les anunció
a los familiares la infausta noticia. Sentada en una de las sillas de la sala de espera, la madre
de la chica, Celestina García, de 72 años, observaba impávida la escena sumida en llanto. Hacía
unas horas que había llegado de Gran Guardia, un pequeño pueblo de la provincia de Formosa, tal vez
con la esperanza de que su hija sobreviviera. De esa localidad, situada a 83 kilómetros de la
capital formoseña, había llegado Marta hacía algunos años. Para entonces ya habían arribado a
Rosario un tío y un hermano en busca de un porvenir más venturoso.
El cuadro en la sala de espera del Heca lo completaban Lucas, de 11 años e hijo
de Marta, que correteaba por el hall ignorando el triste final de su mamá. Muy cerca de él, con los
ojos llorosos, el novio de Marta se arrodillaba abrazado por Nelly, una de las hemanas de la mujer
asesinada.
Ninguno de los familiares parecía comprender la absurda muerte. Un rato después,
Nancy se acercó al cronista de LaCapital para aclarar algunas cuestiones. La mujer señaló que su
hermana no trabajaba en el burdel y que vivía allí porque estaba construyendo su casa. El martes a
la tarde ella había ido a visitar a Marta a la vivienda de Brown al 2700. Llegó junto a su hija y
no pudo entrar. Habían pasado ya cinco minutos desde que un ladrón solitario le había disparado un
balazo a Penayo.
Sólo vivía allí. Ayer, más serena, Nancy contó cómo se desencadenó el violento
suceso. Según dijo, todo se inició el lunes a la tarde. Ese día, dos hombres llegaron al primer
piso del inmueble de Pichincha y tuvieron un encuentro íntimo con dos chicas que trabajan como
prostitutas en el lugar. Al día siguiente, uno de ellos —un muchacho morocho con un arito y
robusto— regresó y fue a una de las habitaciones con una de las jóvenes. Pero apenas entró
decidió terminar con la farsa. "Llevame a dónde está la plata", le ordenó mientras exhibía una
pistola.
El intruso y la muchacha caminaron unos metros para buscar el efectivo y en el
trayecto se toparon con Marta. "El tipo las obligó a arrodillarse a mi hermana y a esa chica. A
Marta la quiso atar, pero ella se resistió. Entonces se levantó y le tiró con el gas pimienta",
explicó Nelly. Deseperada, la amiga de Marta corrió hacia la calle para pedir ayuda y en ese
momento escuchó un disparo que la estremeció. El balazo disparado por el intruso había perforado la
cabeza de Marta.
A la mujer la llevaron rápidamente al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez
donde falleció en la sala de terapia intensiva después de agonizar durante poco más de 24 horas. El
agresor, en tanto, se esfumó con unos 400 pesos y un par de teléfonos celulares y hasta anoche no
había sido localizado.
En tanto, ayer a la tarde en el Heca, mientras algunos de los familiares se
consolaban entre sí, doña Celestina miraba con una sonrisa a Lucas, su nieto ahora sin mamá. El
nene, que cursa el 6º grado en una escuela de Villa Gobernador Gálvez, recorría una y otra vez el
hall mientras algunos parientes lo abrazaban dándole consuelo. Afuera, Nelly sostenía que su
hermana no "tenía nada que ver" con el burdel. "Ella vivía allí, pero no ejercía la prostitución.
Era amiga de las chicas que trabajaban y cada una pagaba un alquiler", afirmó.