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Millones de hindúes se bañan en el Ganges por la celebración de Maha Kumbh Mela

La fiesta se realiza cada doce años en cercanías de las ciudad de Allahabad. Hubo una estampida fatal en una estación de trenes    

Lunes 11 de Febrero de 2013

"Larga vida a la madre Ganges", murmura Rupam Gupta al sumergirse en el agua. Vestida de lila, camina por el agua, se sumerge, resplandece. "Me siento como en el regazo de mi madre", afirma. También su amiga Richa Khare se ha adentrado en el Ganges. Unos 34 millones de hindúes se bañan estos días en el río sagrado, coincidiendo con la festividad Maha Kumbh Mela, que se celebra cada 12 años.

Al entrar en el Ganges, los peregrinos quieren limpiar sus pecados. Algunos se sienten "renacidos", "iluminados", "vivificados" o "relajados".

"Ahora creo que he hecho algo en mi vida", explica Khare. Atrás quedan las horas o incluso días de viaje en trenes abarrotados. Durante unos días han dejado atrás una vida que en la mayor parte de las ocasiones está caracterizada por la pobreza. Se han unido a la mayor peregrinación de los hindúes, para llegar a Samgam, la confluencia de los ríos Ganges, Yamuna y del mitológico Saraswati, donde se realiza una de las mayores concentraciones del mundo.

El enorme flujo de peregrinos es controlado y dirigido por policías como Udham Singh Talan. Durante los 55 días de la festividad sube y baja a los puentes y avisa con su silbato cuando los peregrinos permanecen demasiado tiempo en el agua. Nadie puede bañarse y rezar eternamente, pues miles de personas esperan su turno. "Hubo buenos preparativos. Lo conseguiremos", explica confiado el subcomisario. Si la fila se alarga demasiado, los creyentes son derivados a otras zonas valladas por los 25.000 policías, 17.000 paramilitares y 10.000 voluntarios que controlan el acto. Una vez apartados, los peregrinos hacen filas en zigzag, como ocurre en los aeropuertos.

En Allahabad se ha levantado además una ciudad de tiendas de campaña de 19 kilómetros cuadrados. Los vendedores ofrecen cuencos y grandes cazos, sacos de arroz e imágenes de las divinidades. Además hay hospitales de campaña, bomberos, puestos de telefonía celular y depósitos de agua. Hay hasta un parque de atracciones, con una noria y una montaña artificial repleta de estatuas de deidades hindúes.

Incluso los lugares para los religiosos están organizados. Decenas de miles de sadhus (monjes), divididos por sectas, se sientan en sus tiendas o en torno al fuego, mientras fuman marihuana. Durante los días principales de purificación espiritual cumplen en un preciso orden con los rituales. En primer lugar, entran en el agua los Naga Babas, desnudos y cubiertos de cenizas. "Hemos construido barricadas para los sadhus, para que no se mezclen", explica el policía Talan. Si no, llevados por su colérico temperamento, serían capaces de romperse la cabeza.

Por otro lado, a lo largo del río discurren kilómetros de estacas con cuerdas, para evitar que los peregrinos entren en una zona profunda. En un banco de arena, en el lugar donde confluyen el agua azul de Yamuna y la marrón del Ganges, se alinean embarcaciones con peregrinos.

"Todo se ha profesionalizado, ya no es tan natural", explica sorprendido Heinz Eisele, que ha viajado desde Munich. Eisele estuvo en lugar en el último Kumbh Mela, hace 12 años, y está sorprendido de lo bien que funciona todo. "Sólo los indios pueden conseguir acarrear comida y bebida para millones de personas".

Perdidos. Entre los sonidos característicos de la peregrinación están las bendiciones, sonidos de tambores, canciones Hare Krishna y los gritos de los niños que no quieren entrar en el agua. Pero también los anuncios de megafonía en los que se busca a gente perdida. "La gente suele recorrer largos tramos, y cuando algún grupo gira suele perderse alguien", explica Sant Prasad Pandey, responsable del servicio de búsqueda de mujeres y niños. En los días álgidos, logra volver a reunir a unas 2.000 personas.

Entre ellos está Dara Bai, del estado de Orissa, que perdió su teléfono celular y no logra recordar el número de sus familiares. La anciana lleva ocho días esperando a su familia, pero finalmente le darán un billete de tren para que vuelva a casa. "Nos han abandonado", se queja. "Los padres se apresuran para encontrar a sus hijos, pero a veces no tanto en el caso de sus mayores".

Los voluntarios proporcionan una tienda y paja para dormir a quienes se han perdido. Una anciana sonríe feliz desde su silla de plástico. Lleva 20 días allí. "Me gusta", asegura. Cada día puede bañarse en el Ganges y le dan de comer, así que no piensa volver a su pueblo hasta que no termine el Kumbh Mela, el próximo 10 de marzo.

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