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Mientras tanto, ¿qué hacemos?

Estamos leyendo las reacciones de uno y otro extremo, respecto del hecho del ladrón linchado por la gente.

Lunes 07 de Abril de 2014

Estamos leyendo las reacciones de uno y otro extremo, respecto del hecho del ladrón linchado por la gente. Sería un buen momento para que alguien saliera al cruce de esos extremos con algún atisbo de solución a lo que estamos viviendo. Los argumentos de ambos lados son valederos. Unos dicen que no se puede quitarle la vida a una persona de la forma en que se hizo, salen psicólogas a pedir que no se publiquen las noticias de robos, como si hiciera falta que las publicaran para enterarse de lo que pasa, y todos los políticos horrorizados con lo ocurrido. Del otro lado, la gente común que no tiene custodia y tiene que trabajar todos los días, y que es la que sufre los robos, está llegando a un nivel de hartazgo que ya no soporta más nada. Y cuando tiene la oportunidad de tener a una de estas escorias a tiro, aprovecha para descargarse todo lo que juntó en tanto tiempo. ¿Soluciones propuestas? Ninguna. Relacionado con esto, sale una propuesta para regular a los cuidacoches, por parte del PRO. En Uruguay, en todos los lugares turísticos hay cuidacoches, pero tienen unas pecheras con números para identificarlos, y de esa forma, la actividad está registrada por la comuna, la que les otorga los lugares y los hace responsables de lo que ocurra en ellos. Aquí no, todos en contra. Hoy sale el funcionario Asegurado a decir que no se tiene que actuar contra esa gente porque son el resultado de los problemas sociales, y hay que permitirles que se las rebusquen como sea (?). Entonces, no hagamos nada con los que prepotean para cobrar, te rompen el auto si no pagás, se pelean a cuchilladas por los espacios, venden droga frente a los colegios, “datean” para que les roben a los vecinos o roban ellos directamente. Mejor no hacer nada en ninguno de los dos casos. En un extremo por la situación social y la defensa de los derechos humanos de los delincuentes. En el otro, la gente se tiene que aguantar callada y sin reaccionar, los resultados de la inacción y la demagogia de los políticos garantistas, que dejaron que nuestra ciudad haya dejado de ser uno de los lugares más seguros del mundo, en aras de sostener un indefendible discurso de permisividad y demagogia, fundado en valores garantistas y de culpa por haber reprimido en exceso en la época de los militares. ¿Cuándo llegaremos a un centro de las cosas, en el que todos respeten la ley y se castigue a los que se vayan para un lado o para el otro, como era antes? Antes de la locura de la guerrilla y de la represión genocida del proceso militar.

Ricardo Castellani

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