Los gritos de María Carrizo pidiendo ayuda resonaron en la zona de la Siberia
durante quince minutos en la mañana de ayer. Cecilia, una comerciante del barrio, escuchó sus
ruegos. La mujer se asomó por la ventana y no distinguió a María, que agonizaba en el suelo. Un
muchacho le había asestado una certera puñalada en el corazón para robarle el poco efectivo que
tenía encima y el teléfono celular. Poco después del hecho, fue detenido un muchacho de 19 años
bajo la sospecha de ser el autor del crimen.
María Carrizo, de 31 años, estaba casada y tenía dos hijas, Milagros, de 10
años, y Dolores, de 11. Cerca de las 8 de ayer, salió de su casa de Abanderado Grandoli y bulevar
Seguí.
Iba a reemplazar a la madre, Zulma Balbi, en una de las tareas cotidianas de la
mujer: limpiar una casa quinta en Funes. Ya había llegado a Chacabuco al 2400 y se disponía a
comprar una tarjeta de colectivos que la llevaría hasta el centro. Allí planeaba tomar un micro
para ir a Funes.
Pero no llegó a destino. Un desconocido la emboscó. Una reconstrucción
preliminar le permitió a la policía determinar que el recién llegado le ordenó a María que le
entregara el bolso. La mujer allí había guardado algunas pertenencias de poco valor: ropa para
cambiarse, algo de dinero para pagar los pasajes de los colectivos y un teléfono celular.
La agresión. Los pesquisas presumen que la empleada doméstica se resistió al
atraco y que el maleante reaccionó de manera brutal: le asestó una puñalada en el hemitórax derecho
que le perforó el corazón.
María se desplomó malherida al suelo y sus gritos clamando ayuda resonaron en la
cuadra, pero, según Cecilia —tiene un autoservicio en Chacabuco al 2200— nadie acudió
en su ayuda por temor a represalias. "Los ladrones son conocidos en el barrio", sostuvo la
comerciante para explicar la conducta de los habitantes de ese sector cercano al Centro
Universitario Rosario.
Un rato después, una ambulancia del Sies la trasladó al Hospital Provincial.
Veinte minutos después falleció a pesar de los esfuerzos de los médicos por reanimarla. En el
mediodía de ayer, los padres y el hermano aguardaban en la sala de espera del hospital Provincial.
Debían aguardar la realización de la autopsia de rigor y y realizar los trámites para el
sepelio.
El desconsuelo. Juan Carrizo lucía desencajado, pero sereno. El sosiego tal vez
se lo brindaba sus convicciones religiosas. Se lamentaba por la inseguridad en la que desarrolla la
vida cotidiana en la ciudad. "Nos podemos vivir seguros y además el que mató a mi hija destrozó una
familia", se quejó Juan.
El hombre planteó un reclamo común a muchos ciudadanos. Que las autoridades
lancen medidas para "frenar al menos los asaltos". Un rato antes, Cecilia se había quejado por la
ola creciente de delitos en la barriada. "Desde hace tres meses hay más vigilancia policial, pero
sigue habiendo robos. Unos días atrás, en Chacabuco al 2100, Pelo Duro le cortó una mano a una
mujer. Y quince días atrás se llevaron una camioneta estacionada a plena luz del día", recordó la
mujer.
A su vez, Rodolfo —vive en Chacabuco al 2400— recordó que, un mes
atrás, su hija fue asaltada en la misma cuadra donde fue asesinada María, a una cuadra de un
conocido hipermercado. "Habitualmente, los ladrones asaltan a los que entrarn o salen de Carrefour"
(por el supermercado), comentó el hombre.
El señalado. Dos horas y media después, los efectivos de la comisaría 4ª y de la
Brigada de Homicidios detuvieron a un muchacho de 19 años bajo la sospecha de haberle asestado la
cuchillada mortal a María. Pedro V. fue apresado en un pasillo de un villa de emergencia situada en
Beruti al 1800.
Los uniformados, según una fuente policial, lo localizaron luego de que un
testigo lo viera escapando corriendo de la escena del crimen.
"Nos dio el nombre y el apellido", comentó el portavoz de Jefatura consultado.
Sin embargo, hasta anoche, la acusación era débil porque los pesquisas no tenían otro elemento
firme que lo incriminara. "Hoy (por ayer) vamos a allanar la casa para buscar el cuchillo", explicó
un oficial de la Brigada de Homicidios.