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Matan de un balazo por la espalda a un chico de 13 años en Ludueña

El hecho ocurrió el domingo a la tarde y el chico fue velado ayer en la escuela. "El mejor pibe del barrio", lo recordaron. Gabriel Aguirre era de Boca, pero estaba con amigos de Newell's cuando hinchas de Central los balearon.  

Martes 22 de Octubre de 2013

Los ojos hinchados de dolor, ya sin lágrimas para seguir llorando. Sentado en un banco del hall de la escuela, un nene de unos 12 años se va en sollozos, tratando de hacer equilibrio entre el pudor y la pena más profunda. Su mamá lo acompaña, aunque sea imposible consolarlo. Su mirada vacía, como la de que quien se enfrenta sin esperanzas a lo peor de este mundo.

Adentro de la Escuela Nº 1.027 Luisa Mora de Olguín, en pleno Ludueña, están velando a Gabi. "El pibe más bueno del barrio", lo define un amigo suyo que estaba con él cuando lo mataron la tarde anterior.

Fue el domingo, minutos después del clásico. Gabriel Alejandro Aguirre estaba con unos amigos de Newell's cuando se toparon con hinchas de Central y comenzó un bardeo verbal que culminó cuando un par de canallas corrieron a los pibitos, apenas quinceañeros, con armas de fuego. Simpatizante de Boca, Gabi fue alcanzado por tres balas y murió en un pasillo de Camilo Aldao y Casilda donde no alcanzó a guarecerse. Tenía 13 años, cuatro hermanos y estaba planificando su viaje de estudios de séptimo grado.

"Era el mejor alumno, el mejor hijo, el mejor compañero, un líder por naturaleza. Siempre que se requería hacer algo creativo él estaba ahí", resume la directora de la escuela, Claudia De Gottardi, antes de que las anécdotas sobre Gabi comiencen a brotar de su tristeza controlada. "Estaba lleno de proyectos. Quería ser músico, cantante profesional, y planeaba estudiar música cuando terminara el secundario que iba a empezar el año que viene".

Con sus amigos. El domingo a la tarde, alrededor de las 18, Gabi estaba con cuatro o cinco amigos hinchas de Newell's en la puerta de la escuela que desde hace unos años es conocida por albergar a la orquesta infantil de Ludueña. El clásico de la ciudad había sido ganado por Central y Gabi estaba tocando el redoblante cuando le sugirieron ir a cantar por las calles del barrio. No le importó ser de otro cuadro; fue igual, para acompañar a sus amigos frente a un mal trago deportivo.

Los adolescentes caminaron por Camilo Aldao hacia Junín y al llegar a esa calle se toparon con unos hinchas de Central que al parecer se dirigían hacia la avenida Alberdi. "Estábamos en Junín cantando canciones de Newell's, habíamos perdido y seguíamos cantando igual. Y se acercaron unos de Central y empezaron a bardear y a tirarnos piedras. Fuimos retrocediendo hasta que uno de ellos sacó un arma y empezó a disparar. Le tiraba a todos, al que se cruzara", contó a Canal 5 uno de los chicos que estaba con él.

En este contexto, ayer una versión preliminar indicaba que los disparos partieron desde una moto con dos ocupantes que habría seguido a los chicos de Newell's hasta un pasillo de Camilo Aldao y Casilda donde intentaron refugiarse.

Allí fue alcanzado Gabi por al menos un bala que le atravesó la espalda y quedó alojada cerca del corazón, indicaron fuentes policiales. Sin embargo, esta versión no coincidía con la que circulaba en la escuela e indicaba que el chico había recibido tres proyectiles —dos en el estómago y uno en la nuca— de entre ocho y diez que habían disparado los agresores, de los cuales cinco impactaron en una casa en la que no había nadie.

Lo cierto es que Gabriel murió en el lugar, a unos 40 metros de donde la policía levantó entre cuatro y seis servidas calibre 9 milímetros. Y si bien la información policial señaló que Gabi estaba con una camiseta de Newell's, sus allegados indicaron que él no vestía esa casaca aunque al parecer llevaba una bandera rojinegra.

Más allá de las versiones, al cierre de esta edición la sección Homicidios de la policía rosarina seguía investigando el caso a las órdenes del Juzgado de Instrucción Nº 6 y sin mayores novedades, aunque circulaba una versión —no confirmada— sobre un par de sospechosos.

Duelo. Gabriel vivía en pasaje Rafaela al 5200, una humilde zona de Ludueña, a unas cinco cuadras de la escuela que ayer estaba de duelo. Había empezado en jardín, este año iba a terminar la primaria y todo apuntaba a que seguiría la secundaria para luego estudiar música. Ayer sus amigos recordaban que estaba comenzando a armar un grupo de cumbia, pero no integraba la orquesta infantil de Ludueña.

“Era muy bueno tocando la guitarra, pero le gustaba más el folclore, no tanto la música clásica”, recuerda la directora sobre este chico “lleno de sueños”. De Gottardi intenta no quebrarse en llanto cuando explica que la escuela “no sólo está despidiendo a un alumno y un gran pibe sino también al hijo de una compañera”, porque la mamá de Gaby trabaja como cocinera en el establecimiento educativo.

Afuera de la escuela los amigos y compañeros de Gabriel llenan las paredes de colores con pequeños murales en su memoria. “Gabi presente”. “Primo volvé te extraño”. “Siempre vas a estar en el corazón de los que te aman”. “No sé cómo seguiremos sin vos, hermano”. Entre esos mensajes, alguien dibujó una guitarra y unas notas musicales sobre la columna.

Discretos, pequeños cartelitos escritos con fibra comunican que las clases se retomarán el viernes. Madres, padres, tías, primos, profes, hermanos, amigos, compañeros, chicos y chicas de todas las edades entran y salen de la escuela en silencio, ese silencio que dice todo. También tienen en común los ojos hinchados y la mirada vacía de quienes se enfrentan con lo peor de este mundo.

El nene de unos 12 años sentado en el banco del hall sigue lidiando con lo inexplicable. Algunos chicos de su edad, también otros más grandes, lo saludan sin intentar consolarlo. Parece mentira tanto dolor, pero es irremediablemente cierto.

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