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Los unos y los otros

Está de moda hablar de una supuesta prédica divisoria que enfrenta a los argentinos, en vísperas de un nuevo escenario eleccionario. Está de moda repetir la agenda mediática que focaliza la necesidad...

Miércoles 15 de Abril de 2015

Está de moda hablar de una supuesta prédica divisoria que enfrenta a los argentinos, en vísperas de un nuevo escenario eleccionario. Está de moda repetir la agenda mediática que focaliza la necesidad de superar las diferencias y empezar a pensar un país unido, que tire para el mismo lado, dejando de lado las supuestas desavenencias partidarias. Hice un humilde raconto autoreflexivo sobre qué significaba un lado y el otro, me di cuenta que me siento orgulloso de pertenecer a una parte de la sociedad que defiende la cultura del trabajo, de la distribución equitativa, que no se deja amedrentar por presiones corporativistas (léase las grandes empresas, la corrupta dirigencia sindical, la agenda mediática, y demás yerbas emparentadas con un sector que perdió vigencia en los tristes años noventa). Me resisto a una militancia tozuda que no deja ver los propios errores a corregir. Tal vez por eso y sólo por eso "no soy uno de aquellos". Eso no me impide ver las cosas con claridad. Por el contrario, conservo la neutralidad de la independencia que de ningún modo debe confundirse con la tibieza de los cobardes. Por eso, con absoluta convicción, estoy orgulloso de lo que han hecho los unos. Falta mucho por realizar pero cualquier cruce de vereda me coloca en una regresiva apuesta neoliberal. Aprendí con los años que no es bueno volver al pasado, que hay que superar las diferencias pero no transar con los corruptos, con quienes nos pusieron al borde de la debacle, de quienes todavía hoy me da asco verlos desfilar por la triste corporación mediática. No entiendo un progreso del país que crece y lleva pobreza y miseria. No acepto la prédica de la supervivencia de los más aptos, tal vez porque nunca fui uno de los otros. Con sólo leer los diarios, con sólo escuchar el discurso del supuesto independentismo de los que tienen voz, me alcanza para entender qué quieren hacer con el país. Se juega la inclusión de un lado y la injusta concentración de riquezas del otro. ¿Y cual es el problema con estar divididos? O acaso debo sentarme a comer con quienes no simpatizo? Es un orgullo saber diferenciar. Podemos consensuar, pero para ello tendrán que dejar de lado sus apetencias personales, su afán por la concentración de capitales, su subordinación al mercado, sus preferencias por la desigualdad, su onanismo neoliberal. Sólo en esas condiciones estoy dispuesto a avalar un proyecto de unidad. El mundo está en un proceso de grandes cambios. Grecia desafía a la comunidad europea y no le está yendo tan mal después de todo. Latinoamérica está entendiendo lo que se puede conseguir cuando se crece prudentemente pero sin generar desigualdades. Ahora entiendo porque hablan de grietas. No me interesa ser uno de los otros. Nunca defendí esos ideales. Y lo que importa no es quien lo haga, sino lo que haga. De eso debería aprender la izquierda, cuya ceguera la deja mimándose con el enemigo. . Por estas razones, porque estoy convencido de que se debe profundizar un modelo que evite la concentración de riquezas excesivas, salgo con fuerzas a defender la continuidad de los unos.

Daniel E. Arrighi / DNI 17.555.637

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