Pensé que los precandidatos aún no iniciarían la campaña pero me equivoqué. Así que ya estamos soportando a todo ritmo la oferta preelectoral: fea, sucia, falta de intelectualidad, mentirosa. Atacan desde todos los medios: visuales, radiales, acústicos. Los afiches sobre columnas, carteles colgantes, paredes, se enchastran unos sobre otros e invariablemente nos muestran sonrisas remozadas y rostros agradables. Es un vano intento de seducirnos porque a las 48 horas cada afiche quedará ridículo al tener nariz de payaso, un ojo tapado, un bigote manubrio o una leyenda. Los avisos radiales largaron con eslogans reiterados, rimados, pero que ofenden al mínimo gusto musical. Particularmente, no me interesa si el Tigre está afilando las uñas, si otro precandidato reitera mensajes para que no perdamos la esperanza, si aquel nos dice que manejando una importante legislatura nacional le sobrará capacidad para manejar esta provincia, si los que están ahora aseguran que el cambio ya obtenido debe profundizarse a través de sus candidatos, o si el que presentó 1.700 proyectos nos recuerda ahora su autoría. Me interesa al igual que toda la población enterarnos concretamente acerca de los planes para cada problema vigente o futuro. Hay infinidad de temas que no podrán resolverse con promesas y que se irán diluyendo en el tiempo. ¿Para qué necesitamos tantos precandidatos? ¿Por qué no hacen lo que deben hacer en vez de llenarnos la cabeza con frases pretendidamente magistrales o kilométricos recorridos hacia lugares que visitarán por primera y última vez? ¿Qué es lo que deben hacer? Unirse para generar proyectos comunes, olvidándose de los distintos signos políticos. Encontrar solución permanente a los problemas que nos tienen hartos, cansados, furiosos. Complementariamente queremos saber ya los compromisos que han de asumir los presidenciables del Frente para la Victoria, la Unión Cívica Radical, el PRO, el Peronismo Federal, la Coalición Cívica, el socialismo, el GEN y el Proyecto Sur para resolver fundamentales situaciones de inseguridad, inflación, intromisión desmedida de un sindicalismo salido de cauce, permisividad en la fuerza policíaca y poderes judiciales, innumerables desocupados, alto nivel de pobreza y hambre, degradación de la educación, indiferencia de la juventud por los problemas nacionales, vuelco de la política exterior. Hace casi 28 años que estamos desunidos en democracia. Ahora se disputan el poder casi 10 fuerzas políticas que no mueven el amperímetro de la voluntad popular. ¿Para qué necesitamos tantos y tantos retoños políticos si entre todos no vislumbramos el presidenciable que nos guíe cuatro años? Brasil, Uruguay, Chile, Perú ya los tuvieron y los siguen teniendo. Los resultados están a la vista.































