¿Tan difícil es darse cuenta de que primero nos matan para luego robarnos, tan complejo es tomar en cuenta que es un problema social y no de necesidad del delincuente? Que se acredita en el hampa cargando la vida de personas como cualquiera de nosotros y destruye familias que no tuvo. ¿De qué inclusión hablan si cada vez es más la gente que se enrola en el delito, siendo el gobierno y sus voceros quienes fogonean las diferencias sociales? La sexta cadena de hace unos días de la presidente, con su carismático ladero Boudou, me hizo sentir vergüenza ajena. Su espectáculo pretendidamente histriónico con una platea de obsecuentes que siempre avala con aplausos, gestos, muecas y sonrisas todo lo que dice y hace la señora (dicen que de lo que no se vuelve es del ridículo). En otros canales luego de estos “grandes anuncios”, la lista de bajas de una lista luctuosa de víctimas que nadie quisiera escuchar. Granados en sintonía con su jefe político anunciando la disposición de 600 millones para la lucha contra el delito, más la incorporación de policías retirados, exonerados, pasados a disponibilidad convocados a los efectos, o sea más de lo mismo pero delincuentes oficiales. Un principio de solución es el servicio militar como lugar de contención e instrucción. Prefiero a los jóvenes cortando el pasto y cebando mate al coronel y no drogándose o alcoholizándose. También la libertad mal administrada termina siendo perjudicial.


































