Determinadas carencias sociales, ausencia de los gobiernos en algunas disciplinas, sentido de la democracia, deseos de colaborar con los que sufren, mejora en la atención de la salud, la ciudad, la seguridad, la cultura, nos motivan a algunos ciudadanos para que nos agrupemos en organizaciones no gubernamentales, vecinales, cooperadoras. En esta hora especial que vive el país quiero reflexionar sobre las ONGs, simplemente porque es lo que más conozco. Tratando de informarme sobre el accionar de otros países (Chile, para citar un ejemplo), me notifican que en plena campaña electoral lo primero que hicieron los partidos políticos fue entrevistarse con todas las ONGs conformadas alrededor de diferentes carencias sociales. Se encontraron así con dos cosas fundamentales. Primero, la larga lista de problemas que los llevaron a conformarse como grupos de ayuda, y segundo con una maravillosa masa humana, que independientemente de sus trabajos, actividades particulares, ocio, se involucra alrededor de una problemática con la que se siente identificada por diferentes motivos, y actúa en consecuencia grupalmente en pos de brindar ayuda al que sufre. ¿Para qué? Para fortalecer la democracia y para sentirse bien con ellos mismos. Porque pocas cosas dan más placer que aquéllas que contribuyen a forjar un mundo diferente. Un mundo con el que quizás soñamos muchos, pero no todos hacemos algo por conseguirlo. Todo esto tiene servido en bandeja los políticos decentes. Los que sueñan con ese mundo que menciono y se entregan fieramente a la tarea. Pero con tristeza veo que los candidatos no se acercan a estos grupos, entre otros el nuestro, Hepatitis-C-Rosario, que se dedica a prevenir e informar sobre uno de los mayores flagelos del mundo, las hepatitis virales. Una pena. Considero que en este momento de la Argentina podríamos ser de mucha utilidad. Sin fines políticos, sin fines de lucro, porque si no no seríamos grupos de ayuda.































