Recibir tarjetas de crédito en una promoción domiciliaria sin que el
destinatario las haya pedido parece tener sus riesgos. Una abogada presentó una denuncia penal en
los Tribunales luego de que a su casa llegara un resumen de gastos por casi seis mil pesos por un
plástico que no había solicitado. Presumió que las compras correspondían a esa tarjeta, pero su
sorpresa escaló cuando desde la empresa Visa y del banco emisor le dijeron que también había otro
plástico registrado a su nombre. Angustiada, se enteró que, en rigor, debía desembolsar 19 mil
pesos por las compras de la segunda tarjeta, que tampoco había pedido.
Valeria Rosso Ponce es una abogada especializada en derecho civil y comercial, y
laboral. En los primeros días de enero, recibió en su casa una folletería con una promoción de
servicios financieros del banco Santander Río. Entre la papelería había una tarjeta Visa Gold. La
letrada decidió no rechazarla a pesar de no haberla pedido, tal vez convencida de que no le traería
ningún perjuicio no hacerlo.
Sin embargo, la medianoche del lunes, llegó a su vivienda y advirtió que un
empleado de la empresa telepostal Andreani había dejado correspondencia debajo de la puerta. Era un
resumen de cuentas con un detalle de gastos por 5.900 pesos.La letrada creyó que las compras
realizadas correspondían a la tarjeta Visa Gold que había recibido a principios de enero. Entonces
se contactó con una empleado de la empresa financiera. "Primero le dijeron que debía esperar porque
estaban reiniciando el sistema informático", explicó Gabriela Durruty, la abogada que patrocina a
Rosso Ponce.
Recién a las 2.30 del martes desde Visa le brindaron una explicación que la
preocupó aún más. Le dijeron que habían detectado otra tarjeta llamada Virtual a su nombre y con
otra numeración. En el contacto telefónico le anunciaron que el usuario había concretado compras
financiadas en cuotas por 19 mil pesos. También que todos los pagos que debía hacer correspondía a
este plástico. "Los gastos se produjeron entre el 17 y el 22 de enero. Quien o quienes la usaron
hicieron compras en joyerías, en una gomería y en los dos shopping de la ciudad", comentó
Durruty.
Insomnio. La abogada señaló que las tarjetas fueron emitidas por la sucursal del
Banco Santander Río situada en el Paseo del Siglo. Angustiada, Valeria no durmió esa noche. Al día
siguiente acudió a la entidad financiera. Allí le dijeron que habían "bloqueado la tarjeta" para
impedir su uso, luego que determinaron de que no había ningún plástico a su nombre. También le
comentaron que el banco no reclamaría el dinero adeudado. La misma respuesta le brindaron desde
Visa. "Nos dijeron que iban a iniciar una investigación para establecer qué pasó", contó
Durruty.
La letrada está convencida de que "fallaron todos los sistemas de control" y se
preguntó como el usuario pudo concretar las compras sin que los comerciantes hayan advertido la
maniobra. "Habitualmente, piden el DNI (a los compradores) y, como los montos fueron importantes,
tendrían que haber llamado a Visa para corroborar quién era la persona", comentó. Durruty presume
que el plástico tiene la categoría "dorada" que tiene un límite elevado de compras.
A raíz del suceso, el miércoles, la abogada presentó una denuncia penal en el
juzgado de Instrucción Nº11, a cargo de Hernán Postma. En el escrito, Durruty le requirió al
magistrado que colecte "la información necesaria" para que se pueda determinar si la maniobra puede
"constituir" algún delito. "También le pedí que se investigue si están circulando otras tarjetas
con la misma finalidad", comentó.