Quiero mediante la presente dar a conocer dos situaciones, una que se da todos los días y otra que noté el jueves 10 de mayo (llovió por la mañana). Todo esto sucede en la escuela primaria Leopoldo Herrera Nº 825, de calle Casiano Casas al 1000. Lo primero: a la salida de esta institución las maestras no cortan el tránsito para que los alumnos crucen sin ningún peligro, les dan salida sin esta protección a sabiendas que los chicos son chicos y no miden el peligro. Cruzan la calle corriendo niños de todas las edades, más precisamente aquellos que los papás no pasan a retirar y que regresan solos a sus hogares. Esto, sumado a los conductores de vehículos o transporte público que como excusa siempre están apurados, algún día puede desencadenar una desgracia. Y lo segundo: parece ser que la "buena nueva" de las porteras, los días de lluvia, es pararse en la puerta y a cada padre que llega con su hijo le dicen que no hay nadie, que vinieron pocos chicos, que pasen a hablar con las maestras si les van a dar clases. Muchos de los papás ni entraban al encontrarse con esta frase de la portera y regresan nuevamente a sus casas. Y los que por algún motivo sí o sí deben dejar a sus hijos en el colegio entran porque no les queda otra. El que no entren chicos los días de lluvia a la escuela al parecer beneficia sólo a porteras y maestras, porque al no haber muchos chicos la humedad de los patios en los recreos no es llevada a los salones, por ende las señoras porteras tienen menos para limpiar. Y las maestras, al no haber chicos juntan dos o tres grados en un salón, les hacen hacer dibujitos mientras ellas muy concentradas hablan de cualquier cosa, y como siempre los chicos son los perjudicados.

































