La Ciudad

"Las decisiones políticas muchas veces desoyen las necesidades sanitarias"

Miguel Cappiello, ex ministro de Salud de Santa Fe, analiza el manejo de la pandemia y recuerda los hitos de la salud pública rosarina en 30 años de gestión socialista

Martes 29 de Junio de 2021

"Toda mi vida la dediqué a la salud pública", dice Miguel Cappiello, ex secretario de Salud de Rosario y ex ministro de Salud de Santa Fe, quien también fue concejal y senador provincial. Con décadas de experiencia en el ámbito sanitario, el médico analizó el curso de la pandemia de Covid en la Argentina y ofreció su mirada sobre el manejo de la crítica situación en el país y la provincia.

"Las decisiones políticas muchas veces desoyen las necesidades sanitarias", afirma Cappiello. Sin negar lo complejo que significa estar al frente de una epidemia como la actual, está convencido de que el gobierno nacional y el provincial cometieron y cometen errores, sobre todo en lo referido a los niveles de testeo (considera que deberían ser muchos más) y a la hora de comunicar medidas a la población (menciona que no se llega con claridad y eficacia con los mensajes). "Creo que no hay una política sanitaria acorde al momento. Me da bronca porque sé que las cosas podrían hacerse mejor", dispara.

Cappiello acaba de publicar un libro, "La conquista de la salud pública", en el que reseña su experiencia y la del Partido Socialista en la salud pública local durante 30 años.

En esas páginas repasa sus inicios como vacunador, sus años como ayudante en los hospitales Alberdi y Carrasco, la experiencia de la descentralización del sistema de salud que comenzó en la ciudad y luego en el territorio provincial y su amistad con Hermes Binner, que cambió su manera de ver la política, y la vida.

-Comenzó a trabajar en salud pública en los años '70, como vacunador...

-Sí, en 1976, en el dispensario San Francisquito, en Rosario. Empecé con esa labor cuando era estudiante de medicina. En aquella época las jeringas eran de vidrio, las agujas de acero y las hervíamos para esterilizarlas y usarlas de nuevo. Recuerdo que durante un tiempo me tocó ir a vacunar a lo que conocemos como Villa Banana, en Godoy al 5300. Era un lugar sin asfalto, distinto a lo que es ahora. Nos resultaba bastante simple entrar con el guardapolvo, porque eso generaba respeto. Íbamos con la hielera donde poníamos los cubitos que sacábamos de la cubetera, no teníamos ni los sachets que hay ahora que se ponen en el freezer.

En esa época contábamos con la antivariólica, la triple, la doble, la Sabín, no mucho más. Y había algunas campañas. A mí me tocaron la antisarampionosa, la antivariólica. ¡Ni soñar con la vacuna del HPV por ejemplo, o la de la gripe!

Yo dependía del jefe del Vilela, ya siendo médico. Me acuerdo que iba a buscar las vacunas donde está ahora el Iapos, ahí estaba el centro de reparto. Llenábamos una planilla y nos daban las vacuna de la heladera. Si se cortaba la luz se perdía todo, esa era la realidad.

-¿Y la gente quería vacunarse o había que convencerla?

-¡Las campañas eran un despiole bárbaro! (se ríe) Se nos llenaba de gente que venía por la Sabín, por ejemplo. También empezamos a ir a las escuelas a vacunar, a los geriátricos. Teníamos claro el concepto de prevenir y las personas también lo entendían.

-¿Cuándo se inicia el proceso de descentralización que fue un sello de la gestión socialista?

-Eso salió todo de la cabeza y la decisión de Hermes Binner. Primero en la salud en Rosario, y más tarde en Santa Fe. Veníamos de un sistema fragmentado, desigual por donde se lo mire, desintegrado, pero logramos otra salud, lo hicimos posible con un trabajo de equipo, pero nada se hubiese podido concretar sin Binner.

-¿Y de dónde cree que él tomó esas ideas, que eran revolucionarias para el momento?

-Siguen siéndolo en un punto, porque en la Argentina hay muchos lugares que siguen funcionando como antes. Ya en 1978 la OMS hablaba de una estrategia que debía empezar por la atención primaria con centros de salud. Hermes lo vio, pero no solamente lo notó, lo hizo posible. Primero la atención primaria para luego ir al segundo nivel como el Carrasco, el Alberdi, hasta la alta complejidad del Heca.

El tenía un proyecto muy claro de cómo tenía que ser la cosa. Siendo secretario de Salud de Rosario puso al servicio de la población sus conocimientos, su capacidad de decisión, era un tipo que estudiaba mucho. Nosotros nos juntábamos en el Centro de Estudios Sanitarios y en ese lugar se empezó a armar, a pergeñar el sistema de salud de Rosario. Hablábamos mucho, leíamos un montón lo que se hacía en otros lugares. El objetivo era planificar una salud donde todos tuviéramos las mismas posibilidades. Hermes se caminó todo además, que era muy importante. Porque él sabía estar cerca de las personas, escuchar lo que necesitaban. Era un tipo de pocas palabras pero muy inquieto. Tenía contactos con la Fundación Oswaldo Cruz, de Río de Janeiro, por ejemplo. A mí me tocó ir a Israel, a otros a España, él quería que viésemos cómo se manejaban, qué hacían en otros países. Además venían profesionales a enseñarnos. Nosotros escuchábamos a especialistas en gestión de salud de todo el mundo. Pero nada de eso hubiese tenido efecto sin la decisión de Binner. Porque uno puede saber mucho, conocer mucho, tener planificación estratégica, pero después hay que tomar las decisiones y tener el presupuesto, y el que toma esas decisiones es el que está en el poder. Por eso ahora me inquieto mucho, porque veo que las decisiones políticas desoyen las necesidades sanitarias.

-¿Cree que la pandemia se está manejando de manera inadecuada en el país?

-No hay una política de salud para enfrentar la pandemia. Yo hace tiempo que vengo diciéndole al gobierno provincial que se decida y compre vacunas, por ejemplo. Y si hay que generar inflación para comprarlas se genera. La salud primero. Se ha errado mucho, lo de los vacunatorios VIP...¡no podemos estar discutiendo eso, no tenía que pasar eso!.

Yo le escribo casi todos los días a la ministra de Salud, le digo: "Sonia, hay que hisopar más y más, el testeo tiene que aumentar, el aislamiento para cortar los contagios tiene que aumentar".

-Imagino que no estará en contra de los cierres, las restricciones. Usted siendo ministro de Salud, en plena pandemia de Gripe A, fue el primero en el país en cerrar las escuelas y decirles a los chicos de quinto año y de séptimo grado que se quedaban sin viaje de estudio...

-¡Lo que me insultaron! Pero había que hacerlo y punto. Nosotros íbamos personalmente con Uboldi (Andrea, en ese momento a cargo de Epidemiología) a explicarles a los colegios por qué cerrábamos. Poníamos la cara, el cuerpo. Y la gente entendía. Es verdad que la vacuna apareció bastante rápido y eso ayudó a ponerle fin a la pandemia, pero humildemente creo que manejamos bien lo de la comunicación. Ahora no, la gente desconfía porque no cree en los gobernantes. Por eso hacen lo que quieren e incumplen las medidas.

-¿Hay algo que esté bien realizado, desde su punto de vista?

-Bueno, el sistema estuvo al máximo pero se dio respuesta. Pero no hay que olvidar que eso viene de los 30 años de gestión anterior, de lo que hablamos al principio. De la posibilidad de la descentralización, los centros de salud con sus médicos que conocen a cada familia, la cercanía con el barrio. Lo recuerdo a Hermes comiendo un coquito que caía de la palmera, enfrente del Monumento al Pozo (donde ahora está el Cemar) y diciéndome: "Qué vamos a hacer con esto". Y al tiempo se empezaron las gestiones para terminar con el pozo, que parecían imposibles. Pero se logró. Todo eso que tenemos, las estructuras físicas y el recurso humano es un capital de los rosarinos que no debemos perder nunca y que permitió que hoy, en esta pandemia, haya respuestas.

Igualmente ahora faltan decisiones, porque Santa Fe es muy amplia y lo que se ve en Rosario no pasa en toda la provincia. Hay que fomentar más que los médicos se instalen en poblaciones pequeñas donde no hay atención. Para eso hay que planificar y pagarles muy bien.

Recuerdo que en Soledad, un pueblito a 60 kilómetros de San Justo, en el noroeste santafesino, había únicamente una enfermera que cuando tenía un problema con un paciente llamaba al hospital de la localidad más cercana. Ahí le decían qué tenía que hacer.

Hicimos un centro de salud y mandamos a una médica a la que le mejoramos el sueldo, porque ella iba sola, a un lugar donde no había nada. Además de la vocación había que respaldarla de otra forma. Yo le dije a (el gobernador Omar) Perotti que tiene que hacer eso en muchos lugares.

En este país sigue faltando un verdadero proyecto de salud para que toda la gente tenga acceso. Un proyecto flexible que se adapte a cada necesidad, que son muy diferentes a lo largo de la Argentina.

-¿Está pendiente de todo lo que pasa con la pandemia?

-Me informo mucho, hablo mucho todo el tiempo con todos. Y ya estamos con un grupo de personas analizando el sistema de salud pospandemia. Porque hay cosas que van a cambiar, y hay que pensarlas ya mismo. El sistema en general no puede seguir como está hoy en este país. Insisto: necesitamos un sistema de salud que nos incorpore absolutamente a todos. Si esta pandemia no nos enseña algo, estamos fritos.

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