Hace unos días que ya no está con nosotros, se fue a descansar. Es increíble lo que se siente, pero gracias a mi fe, sé que pronto volveremos a estar juntos porque, aunque cueste aceptarlo, en este mundo estamos de paso. No era difícil sacarle una sonrisa a mamá, pero en sus últimos momentos estaba muy mal, sufría mucho. Tenía cosas muy especiales, era una mujer que lo daba todo y se fue. ¡Que lástima, quedan tan pocas personas como ella! Pero lo que me pone más feliz es que se fue con una sonrisa en los labios. Gracias Mariano, enfermero del 5º piso del Sanatorio Julio Corso. "Podés ser mi hijo", le decía mamá, cuando Mariano le quería sacar una sonrisa diciéndole "gordita linda te voy a comer a besos". Ya en casa, en sus últimos días y sin fuerzas para comer, se acordaba de él y reía; sí, de Mariano. Es increíble lo que logró este muchacho. Gracias personal, enfermeras. Gracias doctores por su atención, gracias doctora Gimena por estar en cada momento difícil. Y gracias por haberla hecho reir a mamá en sus últimos días. Todos nos quejamos cuando las cosas son malas, pero nadie dice nada cuando todo sale bien. Mamá era una persona de 82 años a quien la vida se le estaba yendo, pero ellos la hicieron sentir como una nena de 15 años que recién empieza a ser mujer. Sigan así, de esa manera. No pierdan esos valores, los afectos, los sentimientos y esas sonrisas. No pierdan esas virtudes que tienen, sean humildes como lo son, eso a la larga tiene su recompensa. Los quiero a todos, son parte de mi familia. Mamá, voy a extrañarte muchísimo, pero ¿sabés una cosa? Te amo con todo mi corazón .


































