Durante la administración del progresismo, se repitió en incontables oportunidades que se terminaría con el bochornoso espectáculo que brindan esos pobres y deteriorados animales que tiran de los carros (hasta morir). Hasta un encumbrado e iluminado funcionario impuso el patentamiento de los carros, como si eso fuera solución. (Algo parecido a que los contenedores solucionan el problema de la basura: tapar el sol con el dedo gordo). El fracaso de todos estos anuncios, siguen demostrando que estos universitarios devenidos en políticos manejan la ciudad como si fuera un centro de estudiantes (ojo, manejan, no administran); sólo cambiaron los carteles pegados en las entradas a las universidades o las pintadas sobre paredes, (infinidad de veces reparadas con aporte del erario público), por lujosas publicaciones que entregan casa por casa o periodistas dentro de la nómina, (total, cuando se terminan los fondos, aumentamos los impuestos). Aunque algo hay que reconocerles, han llegado con su actitud a un sector de la población que vive entre los bulevares, que con sus caminatas por calles liberadas, sus bicisendas, sus eventos culturales gratuitos, los fuegos artificiales, piensan que están en Escandinavia y continúan apoyándolos, aunque la tracción a sangre continua.
































