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"La sumisión se ve en el cuerpo": el sello actoral de Joaquín Furriel en "El patrón"

El filme, que se estrenó el jueves, está inspirado en un caso real y fusiona el drama social con el policial. El actor se transforma en un hachero, analfabeto y explotado.

Domingo 01 de Marzo de 2015

Joaquín Furriel se transforma en un hachero, analfabeto y obrero de un frigorífico sometido a explotación en "El patrón, radiografía de un crimen", la ópera prima del realizador Sebastián Schindel. En el filme que se estrenó el jueves, Furriel vuelve a dejar en esta película un fuerte sello actoral, distinto en un personaje opuesto a los que asume en la televisión donde se destacó en "Señores papis" y "Sos mi hombre".

Acompañado por Mónica Lairana, Luis Ziembrowsky, Guillermo Pfening y Germán De Silva en los papeles principales, Furriel es el protagonista excluyente de un filme basado en un caso real acontecido a mediados de la década del 80 y que vivió en carne propia el abogado criminalista Elías Neuman, que lo narró en un libro que lleva el mismo título que la película.

El largometraje de Schindel propone un thriller hiperrealista, donde aparecen la explotación, las mafias de la venta y distribución de carne, el sistema judicial, el analfabetismo y las migraciones internas encarnadas en el destino y la situación de un hombre sometido a sus vínculos.

"Lo que más me sostuvo a la hora de contar esta historia es que siempre estuve sensible a la situación del país; yo viajé de mochilero por todos lados y vi muchas cosas, muchas situaciones similares a las que debe soportar Hermógenes, el personaje de la película, y me detuve ante ellas, reflexioné sobre eso", contó en entrevista con Télam.

"Porque -agrega-, en un punto a mí me tocó la cara privilegiada de la sociedad, yo soy un pibe urbano de clase media con educación formal y que puede elegir una vocación artística y vivir de ella, mientras que Hermógenes es un hachero santiagueño analfabeto que llega a Buenos Aires queriendo vivir mejor y termina sometido por la corrupción del mundo de las carnicerías y un sistema que lo segrega. Entonces, ¿qué es lo que me atrapa de esta historia? Creo que el hecho de que no tolero el maltrato en ningún trabajo".

Al igual que en reconocidas performances teatrales como las que tuvo en "Final de partida" con Alfredo Alcón; "Lluvia constante", con Rodrigo de la Serna y "La vida es sueño", con Patricio Contreras, Furriel vuelve a dejar en esta película un fuerte sello actoral, que lo aleja de los papeles "menos riesgosos" que asume en la televisión.

"Yo creo que la televisión tiene el poder de la popularidad, que evidentemente no lo tiene el teatro y solo en pocas ocasiones el cine; la televisión es el espacio donde menos riesgos artísticos se corren y por eso los actores tenemos un campo mucho más limitado como para que uno pueda ver una gran interpretación en un tira diaria; pero yo soy egresado del Conservatorio Nacional de Arte Dramático; estudié formas de hablar regionales, tuve muchas materias físicas de composición, de maquillaje, entonces la caracterización de un personaje no me es ajena sino que tengo los elementos para encararla", cuenta Furriel.

Para hacer de Hermógenes, Furriel tuvo que transformarse en carnicero, al punto que conoce a la perfección los modos de cortar y preparar la carne. También tuvo que entrenar vocalmente la manera de hablar, usar una prótesis bucal y soportar capas de maquillaje.

"Todo esto es mi materia de trabajo -asegura-, no tendría que sorprender, quizás sorprende porque no hay muchas posibilidades de que un actor componga un personaje sino que para no arriesgar en general se llama al que da el tipo, aunque después hay casos de composiciones que quedan para siempre como la de Guillermo Francella en «El secreto de sus ojos»", señaló.

"Entonces -continúa- ahí uno dice: «Uh, compuso» y uno pareciera asombrarse de que compuso, pero en realidad componer es parte del trabajo del actor. Para mí todo lo que tuve que hacer en relación con esta película fue bienvenido: tuve que hacer cuatro semanas de entrenamiento cárnico, entrenar la manera de hablar que es como hablan los santiagueños que pronuncian las eses como el quechua. Entonces la musicalidad es diferente, pero para llegar a esa musicalidad tuve que ver muchos testimonios de hacheros santiagueños y ahí además de la manera de hablar se te revela todo un paisaje; había que abordar también el analfabetismo, cómo es vivir sin esa herramienta que uno da por descontada que es leer y escribir".

Indagando un poco más en la manera de abordar el personaje, Furriel lanza una definición: "La sumisión se ve en el cuerpo, no en el mundo de las ideas ni en el mundo de lo verbal; a un sometido lo ves venir a dos cuadras, cuando alguien está sometido por un patrón o por un sistema que no lo incluye eso se hace carne y lo ves en el cuerpo, no es cuestión de discursos".

Furriel cuenta que algo que ayudó mucho en toda la verosimilitud que tomó la historia, que ocurrió efectivamente en la década del 80 y que Schindler trajo a la actualidad, es que se filmó en lugares reales, en carnicerías efectivas, con carne real, en el Conurbano, haciendo las tareas propias de Hermógenes "esto hizo posible un contexto en que los actores nos pudimos dejar llevar confiando en nuestra sensibilidad para ver las cosas", concluyó.

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