Susana Mac de Salvador era nuestra profesora de literatura. No sólo por su mente pasaban esos relatos que nos contaba, sino que se notaba el paso de los mismos por su corazón para ponerles pasión. Sonreía cuando leía y hacía gestos con la mano que le quedaba libre, despertando en algunos de nosotros esa curiosidad por el mundo fantástico de los libros. Yo venía con mucho amor por ellos desde la escuela primaria, donde me sentí muchas veces amparada en esa enorme biblioteca, cuyos estantes de madera lo envolvían todo, desparramando ese peculiar y cálido aroma. Monteiro Lobato, la colección Robin Hood y los libros para "las nenas", acompañaron muchas de mis horas cuando ya en casa, y terminadas las tareas, seguía con avidez las historias relatadas. Pero esto no terminó allí; finalizada la secundaria descubrí el placer de las "librerías de viejo" y, sobre todo en días de lluvia, pasaba largo tiempo eligiendo mis futuros acompañantes, alternándolos también con libros nuevos y más tarde con libros sacados de la Biblioteca Argentina o la del Concejo Municipal. Este racconto librístico dio para muchísimo más ya que terminé estudiando bibliotecología y hoy soy una bibliotecaria jubilada que sigue amando los libros como el primer día. Una persona que lee, jamás se siente sola.


































