El doctor Raúl Alfonsín fue el ícono de la democracia en la Argentina. El fin de la dictadura militar trajo la libertad del pueblo y por consecuencia la felicidad de todos los habitantes de la Nación, una nueva Nación en donde los habitantes de la República lograban ejercer sus derechos y expresar nuevamente sus ideologías y pensamientos, así como su libertad de expresión. Actualmente, amparado por el 54 por ciento de los votos obtenidos, el gobierno de turno está malogrando ese tan preciado logro que fue el vivir en democracia y libertad. Hoy el pueblo día a día está comenzando a vivir la otra dictadura, en donde comienza a regir el miedo, la falta de libertad de expresión y censura mediática, haciendo abuso de poder de los propios organismos gubernamentales en represalia a quienes piensan distinto, a quienes no comparten la ideología oficialista, o simplemente al 46 por ciento de la población que no les dio su voto. Con aciertos y desaciertos que puede tener un gobierno en su mandato es su deber representar al pueblo entero, es su deber reconocer su propios desaciertos por una cuestión de humildad hacia los ciudadanos, y es su deber preservar la paz de la Nación así como lograr unificar y no disgregar. Y por sobre todo velar por lo más preciado de toda Nación y sus habitantes: la democracia. Hoy, quienes son considerados golpistas, o bien llamados despectivamente "caceroleros", utilizan su único y pacífico medio de expresión, legítimo y auténtico, que sólo pretende proteger la libertad de vivir en democracia. El no reconocimiento, la negación y el desprecio por quienes quieren manifestar su expresión, es el comienzo de la otra dictadura, la del fundamentalismo oficialista que sólo ve la distorsión imaginativa de la realidad.
































