
Desde hace unas semanas atrás, las crónicas vienen hablando de la gran mancha solar, cuya circunferencia es diez veces mayor que la de nuestro planeta, fenómeno denominado AR 1654. En principio, los expertos no se percataron a su debido tiempo de este extraño suceso estelar, por el motivo de que las radiaciones apuntaban hacia el lado opuesto de la Tierra. Extraño capricho de la naturaleza que en un sector de la población mundial ha engendrado cierto comezón psíquico y también, vaguedades. La Nasa llegó a creer en las profecías Mayas y entre apocalípticas predicciones, dio a entender de que estas tormentas solares podrían acabar con todos los sistemas vivos sobre la tierra, pronosticando además la desaparición de todos los cultivos alimentarios, incluyendo el derretimiento de los hielos polares —-tema que ya viene preocupando a la sociedad—. Lo raro es, al parecer, que los astrónomos aún no tengan la certeza del por qué cada once años tengamos este desequilibrio solar, pero responden mediante un amplio consenso científico diciendo que la actividad solar, que en esencia consiste en diversos formas de explosiones y estallidos del sol, crece cuando aumenta el número de manchas solares y decrece cuando este número disminuye. La mayoría de las explosiones de las manchas solares pertenecen a una variedad común conocida como Eyección Masa Coronal (EMC). Monstruosas nubes de gas a altísimas temperaturas que saliendo del sol atraviesan el espacio interplanetario, creando ondas expansivas aceleradoras de diversas partículas, mayormente protones que junto con los neutrones conforman el núcleo del átomo. Desde el final de la Era del Hielo, hace 12.000 años, el sol se encuentra más activo que nunca. Para nuestra tranquilidad, sabemos que hace 1.800.000 millones adC el Homo Sapiens Erectus ya vagaba por este planeta.
Roberto Linares


