El domingo pasado concurrí al supermercado de la zona de 27 de Febrero y Necochea. Llevaba una billetera de cuero de buena marca, pero cuyo valor es totalmente afectivo para mí por ser un regalo de mis hijas. No importa cuánto dinero y/o tarjetas había en ella. De repente me di cuenta de que se me había resbalado en una zona del establecimiento así que me acerqué a las cajas y pedí si podían decir por el altavoz lo que me había ocurrido. Me dijeron que no tenían ese medio ni otro de hacer saber algo a los clientes que había. Volví al sector donde noté el extravío y allí estaba un joven empleado del súper buscando a quien hubiera perdido la billetera. Sólo atiné a preguntarle su nombre. Se llama Hugo Limia. Esto no necesita mas palabras ni explicación. Para mí ese es un señor que sin dudas recibió esa educación en su casa por parte de sus padres. Gracias familia Limia. Ojalá podamos leer en el diario todos los días un gesto de estos que nos reconcilie con las realidades diarias. Mientras sepamos que hay más Hugo Limia, no perderemos la esperanza de que nuestro país mejore. ¡Gracias Hugo!
































