La felicidad es la meta que históricamente la humanidad procura alcanzar. Al respecto un trabajo realizado en Inglaterra denominado Happy Planet Index, más conocido como índice de la felicidad, demostró que los países ricos no son los más felices. Esta tarea fue desarrollada por la ONG británica New Economic Foundation combinada con la organización ecologista Friends of the Earth. Así evaluaron la sensación de bienestar, la duración de la vida, y la huella ecológica que no es otra cosa que el impacto ambiental que produce la actividad humana en el proceso de desarrollo donde la actividad económica no debe superar la capacidad regenerativa de la biosfera, respetando a la naturaleza. De esta forma se lleva adelante el análisis social individual y en comunidad combinada con informes estadísticos de economía. Luego de un testeo sobre 178 naciones el resultado no fue el imaginado ya que EEUU, primera economía mundial y paradigma de muchas generaciones en el mundo, aparece en el puesto 150. Gran Bretaña en el 108 y Suiza donde la población que no es desdichada como tampoco es feliz esta 65. Mientras en el podio se encuentran Vanauto una isla al sur del Pacifico con 200.000 habitantes, Colombia y Costa Rica, seguidos por República Dominicana, Panamá, Cuba, Venezuela, Guatemala, Honduras, El Salvador, San Vicente y las Granadinas. Cuba ocupa el sexto puesto, Venezuela el 26, México el 38, Argentina el 47 y Brasil el 63. La expectativa de vida en Argentina es de 77 años. Estas conclusiones demuestran el fracaso de la cultura del lucro impuesta en el mundo hace décadas y lo que es más importante expresa el cambio de mentalidad de la humanidad por el respeto y valoración de la naturaleza. Los argentinos a raíz de haber padecido décadas de neoliberalismo en esta materia somos adelantados ya que las penurias por las que atraviesan hoy pueblos de naciones europeas son las mismas que padecimos en 2001 que nos dejaron en default, sin industria nacional, una desocupación del 25%, que logramos superar a partir del 2003 con la restauración de la autoridad presidencial y la reivindicación de la política con la que transformó la realidad, poniendo en caja a los factores de poder económico, militar, clerical que eternamente decidieron nuestro destino de postergación. Una manera de interpretar las conclusiones es comprender que la felicidad no es una cuestión sencilla de analizar, ya que por un lado confluye la materia que se ve y se toca, mientras por el otro lo abstracto o percepción que no se ve ni se toca el mejor ejemplo es la Patria. Según la sabiduría popular el cerebro actúa en las cuestiones materiales mientras el corazón lo hace en las cuestiones del alma. Francisco Lovato





































