Con la clausura de Kika Resto Bar, no sólo se produce además de un impacto negativo en la vida social y cultural de Rosario, sino que se ataca a un verdadero ejemplo de trabajo, dedicación y desarrollo de la cultura local. Los argumentos esgrimidos para su clausura, más endebles no pueden ser a no ser que la sana diversión y la expresión de las manifestaciones artísticas sean considerados enemigos públicos. Particularmente, como ciudadano y como director de un instituto lingüístico (lenguas nacional y extranjeras) de Rosario, he podido llevar a cabo en Kika Resto Bar varios eventos en los que invitados extranjeros disertantes, docentes y alumnos de Rosario y de otras localidades, habiendo encontrado en todas las ocasiones un ámbito propicio, ameno y de excelente atención por parte de los titulares y el personal. Las expresiones del arte, de la cultura en general no cuentan en Rosario con demasiados espacios disponibles y dispuestos con extraordinaria generosidad a brindarse para que artistas, intelectuales, instituciones, desarrollen actividades. Es claro entonces que no expreso solamente una simple opinión, sino que expongo experiencias que avalan el valor de estos espacios. Castigando con clausura o disposiciones conventuales a espacios como Kika, se penaliza también a los trabajadores de la cultura, a los demás emprendimientos del mismo tipo, al público que no siempre dispone de dinero para pagar entradas inaccesibles para asistir a un espectáculo en compañía de amigos ¿Eso se quiere prohibir? ¿Contra eso se actúa desde el gobierno? ¿Esos son los grandes males que deben atacarse? Cuando llueve, no pueden evitarse grandes zonas inundadas, ni todavía podemos pasar un verano sin cortes de luz, y hace pocos días el ex colegio Nacional Nº 2 sufrió un derrumbe que de casualidad no fue una verdadera tragedia. Allí hay que ponerse a trabajar y dejar que los demás trabajen en lo que hacen muy bien y con generosidad inédita.
































