Recientemente, han vuelto a resurgir nuevas acusaciones contra la cientología, la religión o doctrina creada por el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard hace más de 50 años, y cuyos seguidores más famosos son Tom Cruise y John Travolta. ¿Sobrevivirá a estos malos tiempos esta doctrina, que promete la eternidad a sus adeptos?
La crisis de este credo no es nueva. La Encuesta de Identificación Religiosa Estadounidense (Aris) informó recientemente que el número de personas que se identificaban con esta práctica había disminuido casi un 50 por ciento en 7 años. En 2001, 55.000 personas seguían sus creencias, entre ellas, que las personas son seres inmortales que se han olvidado de su verdadera naturaleza eterna; pero en 2008 esa la cifra de creyentes cayó a 25.000.
Historia tétrica. Desde entonces la marea no se ha calmado. El diario The New York Times publicó una historia sobre dos críticos ex miembros de Clearwater, Florida, que denuncian abusos por parte de ejecutivos de la cientología. Christie y Cris Collbran, una pareja que firmó un contrato por 1.000 millones de años (sic) con la cientología, asegura que tuvo que firmar acusaciones falsas sobre sus vidas personales y laborales, pagar miles de dólares por cursos y afrontar la incomunicación de sus familiares y amigos tras abandonar la secta.
Durante 13 años, los Collbran recibieron cheques esporádicos por 50 dólares después de trabajar siete días a la semana para la organización. Estos ex cientólogos, que se conocieron en la sede de Johanesburgo, Sudáfrica, aseguran que muchos miembros son golpeados por el superior, obligados a tener abortos, a trabajar sin dormir y con poca remuneración, además de amenazados con quedar incomunicados si deciden irse.
Director indignado. En 2009, el golpe llegó de parte de un miembro que llevaba 35 años con la organización. Paul Haggis, director de la película ganadora de un Oscar “Crash”, escribió una carta de renuncia a la cientología que se filtró a la prensa, en la que manifestaba su indignación por el apoyo de la secta a la denominada Proposición 8, que prohíbe el matrimonio entre personas del mismo sexo en California.
Asimismo, el cineasta aseguró que estaba horrorizado por la negación de altos ejecutivos de la iglesia de políticas que sabía que existían. “Me sentí indignado y francamente, más que estúpido”, escribió. Después de este incidente, Haggis descubrió que David Miscavige, líder de la cientología con sede en Clearwater, Florida, negaba la existencia de “prácticas de desconexión”, que consisten en cortar todo tipo de relación de aquellos miembros que hablen mal de la creencia cientológica con el resto de su familia que permanece en la secta.
Para el guionista de “Million Dollar Baby”, que vivió en carne propia dicha práctica, esto y el uso de información confidencial en contra de ex miembros de la organización fue la gota que colmó el vaso.
Por su parte Tommy Davis, actual portavoz de la cientiología, dijo que la práctica no es diferente al mormonismo, el catolicismo, los testigos de Jehová o los amish, que practican la “desconexión”, según él. “Son principios fundamentales de la religión”, señaló el vocero.
Lo más preocupante para Haggis era el hecho de que las acusaciones esta vez no venían de parte de personas fuera de la organización, sino de parte de los mismos miembros. La misma semana que Haggis renunció a este credo, una corte francesa ordenó a la iglesia a pagar 900.000 dólares de multa por estafar a sus miembros.
Por su parte, las autoridades de la cientología han desmentido estas acusaciones y tildado a sus críticos de “apóstatas que no son de fiar”. En cuanto a los Collbran, Davis dijo al New York Times que al contrario de lo que ellos afirmaban —que habían abandonado la organización—, habían sido expulsados.
De acuerdo a los detractores, muchos de los miembros son ajenos a estos abusos, ya que cultivan con dedicación a sus miembros más preciados: las celebridades, que son los que mantienen la organización con su dinero.
¿Cuántos hay? Los cientólogos evitan precisar el número de adeptos, pero aseguran que hay “millones” de seguidores. Cris Collbran cree que la secta está engordando las cifras de seguidores con datos falsos. En Sudáfrica, algunos feligreses llevan a sus sirvientas y jardineros al templo para aumentar los números. “Está construida con mentiras. Trabajábamos 16 horas al día para tratar de salvar el planeta y la iglesia se estaba encogiendo”, señaló Collbran.
Collbran viajó hasta Texas para reunirse con el principal crítico de la cientología, Marty Rathbun, ex hombre de confianza de Miscavige, lo que le costó la incomunicación de toda su familia. Para Rathbun la diferencia entre la cientología vieja y la nueva es que “la cientología nueva tiene que ver con edificios nuevos y no con personas”.
Desde 2008 ex miembros de la organización formaron el grupo Anonymous, a manera de protesta. A partir de esto parece que muchos adeptos se han unido para denunciar los abusos. Anonymous manifiesta que la cientología censura material en internet que considera de su propiedad, como un video de Tom Cruise que se filtró en YouTube, en el que habla de la doctrina.
Pacientes en peligro. Por si fuera poco, esta semana el diario Herald Sun, de Australia, cita al profesor Pat McGorry, experto en psiquiatría, que asegura que la cientología está poniendo en peligro la vida de pacientes. “Estoy preocupado de que las restricciones o la disuasión a recibir tratamiento mental cueste vidas y resulte en incapacidades innecesarias”, indicó.
Por eso McGorry solicita una revisión por parte del Senado de las prácticas sobre el tratamiento de los pacientes mentales dentro de la cientología. Ya principios de 2009 el actor John Travolta fue criticado tras la muerte de su hijo Jett por supuestamente no administrar la medicina necesaria para evitar los ataques que sufría debido a su autismo.
Ahora, la pregunta es si la cientología podrá sobrevivir a esta mala racha. Quizá venga otra celebridad a resucitar con sus millones esta agonizante “religión”. l