La ciudadanía muestra signos de alarma frente a una débil política oficial en lo doméstico. El pueblo clama su necesidad de subsistir, tener un trabajo fijo o regresar seguro a casa, y el gobierno entiende que se deben priorizar otros asuntos para poder solucionar los domésticos: acelerar la reducción del aparato estatal, incrementar impuestos y eliminar subsidios para equilibrar la balanza fiscal, atraer seguras inversiones que garanticen más ocupación, finalizar el acuerdo con los fondos buitres para reinsertarnos en el mundo, aumentar los precios en servicios públicos y combustibles para su autofinanciación. Cientos de reclamos son clara muestra que la inflación desatada varios meses atrás se lleva puestos a los sueldos, jubilaciones, honorarios, rentas comerciales e industriales. Las fuerzas del trabajo atendiendo a esa inflación pretenden incrementos salariales entre el 30 y 35 por ciento anual dando por tierra con la hipótesis primaria del gobierno que estimó un 25 por ciento de inflación. El presente es duro, el futuro puede serlo aún mas. No puede escapar a esta triste realidad la gestión anterior que con su corruptela a cuestas aceleró la marcha de un barco destinado a naufragar de no mediar un violento golpe de timón que acuse mejores resultados. La mayoría eligió el golpe de timón y ahora nadie puede mirar hacia otro lado haciéndose el desentendido. Recordemos al gobierno que la caridad bien entendida debe empezar en nuestra casa, nunca en la del vecino.

































