Tengo el privilegio de haber vivido en el País Vasco. Allá el clásico futbolero más relevante se da entre el Atlético de Bilbao y La Real Sociedad. El día del partido ambas aficiones se juntan en "la parte vieja" de la ciudad de San Sebastián a beber, almorzar y entonar sus canciones de "guerra". Después, en paz, se retiran al estadio de Anoeta a presenciar el juego. ¿Por qué no se matan? ¿Por qué no arde Troya? Por la identidad: antes que nada todos se sienten vascos, después son hinchas de fútbol con diferentes camisetas. Soy leproso a morir, no niego que grité los goles de All Boys cuando descendió Central, pero el presente de Central no me causa gracia. Fantasear con que Central desaparezca es como desear que la mitad de la gente que más quiero se muera de una profunda tristeza. Construyamos una identidad verdadera, seamos primero padres, madres, hijos, hermanos, amigos, amantes, vecinos, compañeros de trabajo, rosarinos, hinchas de fútbol y entonces sí "leprosos y canallas". No nos unamos para dividirnos, unámonos para refundar "la capital del fútbol argentino" y así hacerle frente a los verdaderos enemigos que, como dijo el Diego, "sólo quieren ensuciar la pelota".






























