Nadie, con un mínimo de cordura, puede dudar de la satisfación de ver a Guillermo Moreno fuera del gobierno. Un personaje impresentable, negativo por todos los ángulos que se lo mire. Pedante, patotero, matón y grosero, hizo todo mal y perjudicó totalmente al país y que podría ser juzgado como traidor a la patria. Pero, ¿todo lo que hizo fue por su propia responsabilidad? Todos sabemos que no, pues tenía la anuencia total y absoluta de la Presidencia de la Nación, tanto en las catastróficas medidas tomadas, como en la forma de actuar y aun en sus groserías en el hablar (recordar en los cacerolazos cuando dijo “que las cacerolas se la metan en el orto”). Por lo tanto, la responsabilidad total, en tantos años de desaciertos que han llevado al país a la bancarrota le corresponde absolutamente a la Presidencia de la Nación, que ha tomado medidas de cambios de personas, aunque nada cambia, tan sólo es para descomprimir y tratar de aliviar la situación después de la derrota de octubre, donde casi el 70% de la población le dijo no a este gobierno.































