Un joven de 23 años que recibió siete balazos en un encarnizado enfrentamiento
ocurrido hace dos semanas en La Tablada, en el que murió Joel Alcaraz, de 19, pudo ser finalmente
indagado. Iván Jesús Benavente no pudo llegar por sus propios medios a Tribunales: los disparos que
recibió le provocaron la parálisis de los miembros inferiores. El juez Juan Andrés Donnola escuchó
su planteo y lo dejó imputado en la causa por el homicidio de Alcaraz. El acto judicial se concretó
dentro de la misma ambulancia en la que fue trasladado el imputado y que quedó estacionada a tal
efecto en el garaje del subsuelo del palacio de Justicia.
Reposo. Debido a la condición en que quedó el muchacho tras la agresión que
sufrió fue imposible que pudiera abandonar la situación de reposo. Por eso la declaración se tomó
directamente en la ambulancia que lo condujo desde el centro asistencial donde se encuentra
internado hasta el subsuelo de Tribunales. Al pie del móvil sanitario, además del juez Donnola,
estuvieron la fiscal de la causa y los abogados defensores de Benavente, Juan Ubiedo y Hernán
Tasada.
Iván Jesús Benavente podría llegar a transitar el trámite judicial en el que
está acusado con prisión morigerada a causa de su condición física: la mayoría de los siete tiros
—que no pudieron ser extraídos— los recibió de la cintura para abajo lo que le provocó
un impedimento para caminar y la consiguiente imposibilidad de fuga.
Derivación. Hasta hace pocos días estuvo internado en el Hospital Clemente
Alvarez, pero una vez que salió del estado crítico fue derivado por cuestiones de seguridad a otro
hospital público fuera de la ciudad, cuyo nombre no trascendió.
El episodio investigado se desató la madrugada del lunes 9 de noviembre. Alcaraz
llegó al boliche Xioma, de Ayacucho al 5900, propiedad de los hermanos Gustavo y Jesús Benavente.
Pero el pibe tenía allí la entrada prohibida a partir de un viejo conflicto con los propietarios.
Sin embargo, Joel acudió al local para buscar a su pareja y allí se desató una gresca en la que
terminó con la cabeza rota por un botellazo.
Alcaraz se marchó ofuscado por la agresión. Se subió a un Peugeot 505 de color
marrón que guiaba otro hombre y fue a su casa situada en bulevar Seguí y el puente de hierro. Una
vez allí recogió un arma y con dos amigos se encaminó a la vivienda de su agresor, en pasaje
Becquer al 500 bis, en la villa del Tanque.
Dos armas. Cuando Jesús Benavente, de 23 años, llegó a su casa en una moto Honda
250 Tornado, Alcaraz y sus acompañantes lo recibieron a balazos. Enseguida los allegados al herido
acribillaron a tiros a Alcaraz. La autopsia determinó que el cuerpo del joven, que había militado
en la barra brava de Rosario Central, tenía doce orificios de balas de dos calibres distintos. Los
forenses concluyeron que sufrió cuatro balazos de gracia, ya que los disparos en la cabeza los
recibió cuando ya estaba muerto, lo que quedó marcado por la ausencia de hemorragia.
Benavente, en tanto, debió ser operado durante cuatro horas el mismo día del
hecho. El muchacho superó la etapa crítica, pero podría sufrir una seria dificultad para caminar,
lo que lo obligaría a un largo tratamiento de rehabilitación.
Fuentes judiciales indicaron que se elevó un pedido de presentación a los dos
hermanos del joven herido —Guillermo y Gustavo Benavente— sospechados de haber
participado del crimen de Alcaraz. El lunes se ordenó un allanamiento en su búsqueda que resultó
negativo.