A los que hablan desde las instituciones y desde la ciudadanía de que Rosario es la Barcelona argentina, por favor, se los ruego, no digan estupideces. Pasará mucha agua bajo el puente antes de que Rosario pueda siquiera soñar con ser como Barcelona, y pasarán años para convertirse en una ciudad amigable con el turista. Después de pasar unos 15 días en Rosario, a la que viajo cada vez que puedo, redescubro lo que siempre vi mientras viví allí: los empleados de comercio en general (hoteles, grandes tiendas, supermercados, shoppings, bares, restaurante ) que con suerte te miran y contestan cuando los saludas, que cuando se les hace alguna consulta sobre algo que no es por lo que les paga disparan un "ni idea" y siguen en la suya sin mas -supongo que pensando que ellos son los que nos hacen un favor en atendernos cuando visitamos el local donde trabajan-. "Tacheros" que sin que se lo pidas "te pasean", gente sucia que deja que sus mascotas orinen y defequen en cualquier lugar, ya sea jardines ajenos, parques, plazas, veredas, calles y avenidas. Es triste ver que los cambios arquitectónicos positivos, el crecimiento de la ciudad y la mejora del estándar de vida en general -aunque soy consciente que la distribución de beneficios no llegan a todos en forma equitativa, pero así es la vida en todo el mundo- no cambian la idiosincrasia bipolar del rosarino en general. Ningún turista va a un lugar sólo por el lugar en sí. También busca servicios de calidad, amabilidad, buen trato, seguridad, oferta cultural y gastronómica, y lugares de esparcimiento entre otras muchas cosas, y Rosario carece o tiene mal explotada la mayoría. Desde la Municipalidad y desde las cámaras de los diferentes rubros comerciales tendrían que lanzar campañas de capacitación y formación para los empleados, para que entiendan que ellos tienen trabajo gracias a las personas que entran a comprar o consumir lo que el negocio ofrece, y que si no es tratado adecuadamente esa persona ya no vuelve y cuando cuente la experiencia a otros potenciara lo negativo. Algunas personas son tan obtusas que no entienden cómo funciona la cosa, o son tan dejados que entienden pero no les preocupa. Y lo peor, es que la actitud de estas personas -lamentablemente no pocas- afecta negativamente a todas aquellas que hacen las cosas bien, aun cuando no son recompensadas adecuadamente. Por el bien de la ciudad, que es mi lugar en el mundo, espero que eso cambie.




































