Le dejo saludos al pibe que entró a la veterinaria de Arijón al 1900 a venderme medias, que todavía no sé cómo hizo para robarme el celular escondido. Muchas gracias, porque cada día me doy más cuenta de cómo odio vivir en este maldito y miserable país. Ustedes hicieron que los trabajadores que día a día la luchamos para poder sobrevivir sintamos ganas de irnos de este maldito país. Odio tener que estar sentada escribiendo desde Rosario, Argentina; me iría si pudiera al Congo. Gracias a vos chorro y a todos los que nos hacen que día a día odiemos más. Gracias por hacerme sentir el odio que siento y no es por un celular, es por cinco celulares; es por ir a los boliches y tener miedo; es por ver cómo mataron a un vecino para robarle; es por salir con miedo a la calle; es por tener miedo dentro de casa; es por sentir que ya no se tenga más ganas de vivir así y no se tenga más ganas de verdad. Gracias por hacernos tan difícil esta vida corta y maldita. Es por sentir la sensación de no creer más en Dios; es por sentir que para qué venimos a este mundo. ¿Esto es la vida!? Hubieran avisado.
































