Hace siete años que venimos oyendo que el país crece a tasas chinas en alusión a la economía, es decir con un aumento relevante de riqueza. Es fácil ver cómo crece una persona, un árbol o una planta, ¿pero cómo se ve crecer un país como el nuestro? Se lo debería ver en el crecimiento en cantidad y calidad de los transportes ferroviarios, marítimos, aéreos y terrestres de pasajeros. En el autoabastecimiento suficiente de recursos energéticos. En estabilidad de precios. En la afirmación de la tendencia a una mayor calidad de los servicios de educación y salud. En un creciente y eficiente servicio de seguridad pública. Y lo más relevante, en la minimización de la pobreza e indigencia. ¿Es esto lo que vimos y vemos? Todo lo contrario. Sí vemos aumento de corrupción; degradación de la educación, de la salud y de la seguridad pública; inflación sin freno; niveles de pobreza e indigencia similares a las de siete años atrás. Afirmar lo contrario es una alevosa hipocresía. Eso sí, vemos aumento a tasas que los chinos desearían tener en los patrimonios personales de funcionarios, sindicalistas y amigos del poder.





































