El señor Jorge Enrique Yunes Farrud, en su carta “Reclamo de la comunidad árabe”, se autoasigna la representación “de toda la comunidad árabe de nuestro país”, hecho que sorprende ya que luego firma él sólo sin especificar a qué entidad representa y en qué carácter. Yo también soy un argentino descendiente de inmigrantes (en mi caso, judíos) que encontraron en la Argentina un país que les abrió fraternalmente los brazos y en el que echaron sus raíces. Pero en mi caso escribo a título exclusivamente personal, sin invocar ninguna representatividad. El señor se manifiesta abrumado por el baño de sangre en Palestina, del que culpa sin más a Israel, por lo que pide que Argentina rompa de inmediato sus relaciones con dicho estado. A mí también me duelen las muertes de palestinos inocentes, los heridos y los hogares destruidos. Y también las muertes de israelíes, y que los israelíes cercanos a Gaza vivan bajo el acoso permanente de cohetes mortíferos. No creo que una violencia justifique la otra. Pero tampoco es ecuánime denostar furiosamente a una sola parte sin ni siquiera mencionar la violencia de la otra. Circula hoy un argumento cuantitativo que reduce a números el valor de las vidas humanas, y pretende que si de un lado hay más muertes que del otro, la justicia y el apoyo internacional corresponden a quien sufrió más muertes. La guerra civil en Siria se ha cobrado ya 170.000 muertes, 100 veces más que las de Gaza, y muchísimas de ellas provocadas por brutales crímenes del gobierno sirio contra su propio pueblo. Sin embargo, no lo he visto al señor preocupado por el baño de sangre perpetrado por el gobierno de Siria, ni exigiendo que Argentina rompa relaciones también con dicho país. ¿No será que para él, cuando en la pelea interviene Israel, pasa a ser automáticamente el único culpable?





































