En estos días en que se debate la nacionalización de YPF, como a todos los ciudadanos me ha tocado escuchar las justificaciones que dan diputados y senadores, aunque bien podríamos decir todo el arco político. Aclaremos que la gran mayoría de nuestros políticos con o sin cargo, hace muchos años que se dedican a estos menesteres. En cualquier profesión ya deberían tener una amplia experiencia para poder discernir entre distintas problemáticas. Sin embargo, en el caso de YPF la posición de la mayoría de la oposición es apoyar la nacionalización, con honrosísimas y escasas excepciones, lo cual me lleva a preguntarme si actúan como demasiado inocentes o como demasiado hipócritas. Doy por supuesto que la mayoría del pueblo argentino está de acuerdo en que los recursos naturales deben ser nacionalizados. ¿Pero a qué precio? No me refiero al valor económico. Todos estos legisladores y políticos (opositores) que hoy dicen apoyar, en general pero con reservas saben perfectamente que apoyan sin condicionamientos la decisión, en concepto y forma, del gobierno nacional. Saben que no tienen fuerza para cambiar una sola coma de la ley. Lo saben por políticos y lo saben por viejos. Pero por si no fuera poco, los antecedentes demuestran que el peronismo jamás valoró u honró los pactos. Si no, basta con analizar el Pacto de Olivos, allá lejos y hace tiempo. Pero más cercano en el tiempo recordemos la nacionalización de Aerolíneas y la nacionalización de las Afjp, por sólo tomar ejemplos emblemáticos y recientes. Todos sabemos, y por ende todos nuestros políticos saben, y sabían, qué es lo que iba a suceder después: charters para pasear amigos, pérdidas millonarias, sueldos exorbitantes, capitalismo de amigos, jubilados muertos de hambre, lejos queda el tema de la soberanía. Por eso, señores legisladores, voten como quieran o como puedan, pero por favor no me tomen por estúpido, ustedes saben perfectamente lo que están haciendo, saben en qué termina esto, lo que no quieren es asumir la responsabilidad de los cómplices. Lo serán. Respecto de la posición del oficialismo, ya lo dijo una vez Borges, por lo tanto, pretender una definición más ingeniosa sería pura soberbia: ¡son incorregibles!


































