La conocida como “Banda de Mauro Gerez”, una gavilla polirrubro con base narco considerada clave en la escalada de violencia que azota barrio Ludueña desde hace un año, sumó otro imputado de los considerados importantes en la estructura: Oscar Omar Ramírez, apodado “Nenu”, fue acusado este martes como uno de los organizadores en la calle del grupo que desde la cárcel vienen liderando “Andy” Benítez, Julián Aguirre y el propio Gérez. El hombre de 32 años, detenido hace una semana luego de un partido de Central y sospechado de haber orquestado una volanteada con aprietes a dos fiscales, es considerado un “gerente extramuros” de la organización con roles que iban desde la administración de la venta de droga hasta la custodia de armas y municiones.
El fiscal Pablo Socca agregó a Ramírez a una lista que ya tiene a 34 imputados como miembros de esta asociación ilícita dedicada a cometer delitos de toda índole para asegurar el territorio y dominar el narcomenudeo en la zona de Ludueña y Empalme Graneros. En el caso de Nenu, le atribuyó ese delito en el rol de organizador y agravado por la participación de menores de edad. En ese marco la jueza Silvia Castelli le dictó la prisión preventiva por el plazo de ley de hasta dos años.
Estructura
Si bien la caída de Gerez en mayo significó un golpe para la organización, mucho más lo fue el operativo que el 22 de agosto terminó con una treintena de detenidos vinculados con el grupo. La investigación del fiscal de Balaceras Pablo Socca estableció que la banda se conformó a mediados del año pasado con la idea de copar Ludueña a los tiros para manejar la venta de drogas en las calles. Ese dominio implica la comisión de otros delitos como homicidios, amenazas, abuso de armas y extorsiones: a la banda se le atribuyen casi 40 hechos de aprietes que en muchos casos fueron seguidos de balaceras.
Según la investigación la línea de mando comienza en la cárcel de Piñero, donde están alojados los líderes Aguirre y Benítez, quienes imparten las órdenes. Pero el fiscal no descarta que la banda tenga más jefes aún sin identificar ni que se trate en realidad de una célula de una organización más grande. Es que parte de la trama tiene que ver con la gestión de Matías César como presunto intermediario de esta gavilla con Ariel “Guille” Cantero. En ese sentido no se descarta que el joven de 25 años condenado a 20 años por las balaceras contra objetivos del Poder Judicial también pueda ser imputado en esta causa.
Por debajo de los líderes, según el avance de la investigación sobre esta estructura, están los organizadores. Uno es Gerez, de máxima confianza para los líderes y considerado el “jefe de los sicarios”. El muchacho orquestaba los delitos violentos y disponía a tal fin de armas poderosas, vehículos y gatilleros que en muchos casos eran menores de edad a quienes él mismo reclutaba. Luego de su detención el 26 de mayo continuó con esa labor desde la cárcel.
Como organizador también fue imputado Jonatan Almada, hijo de un policía retirado que también fue detenido con parte de su familia en los allanamientos de agosto. Almada fue acusado como “gerente de la empresa criminal”, con las siguientes funciones: distribución de la droga a los vendedores del grupo; administración y control del dinero recaudado; custodia de dinero y las armas que también se encargaba de entregar a los tiratiros antes que fueran a concretar los aprietes. También se comunicaba con las víctimas de extorsiones o se encargaba de amenazar a las personas que de alguna manera resistieran la actividad de la banda. Y estaba a su cargo “decidir y asignar” a las personas que podían ocupar viviendas.
Responsabilidades
En cuanto a Nenu, cuñado de Almada, su condición de “gerente extramuros” tiene que ver para los acusadores con una elección de los líderes, sobre todo de Andy, ante quien asumía el éxito o fracaso de la tarea asignada. Desde ese puesto, prácticamente desde el inicio de la banda, se encargaba de recibir la droga y distribuirla para su venta, lo que implicaba también el reclutamiento de soldados y vendedores.
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La administración y registro de esa actividad también estaba en manos de Ramírez, también a cargo de custodiar el dinero recaudado y las armas que los soldaditos emplean en los atentados. Como los otros organizadores, Ramírez tenía gente a su disposición para impartirle órdenes.