Desde ese espantoso domingo en que como todos los que estábamos en la cancha sentí que el alma se me partía en pedazos, he escrito un montón de cartas que luego rompí porque estaban plagadas de bronca. Pero hoy, cuando acabo de leer que distintas agrupaciones tuvieron la grandeza de coincidir en pos del resurgimiento de nuestro club dejando de lado ambiciones propias de cada uno, siento por primera vez que mi querido Central está tomando el camino correcto. Como hincha fanática, "canaya" desde la cuna, yo se los agradezco. Porque Central es parte importantísima de mi vida. Es la primera vez que pisé la cancha a los 8 años del brazo de mi viejo, es esperarlo todos los martes de mi juventud en la puerta porque me traía El Grafico, es la foto de mis 15 con los jugadores, el pedacito de césped que me llevé a casa, el impacto de ver el estadio reformado para el Mundial, la tremenda felicidad del primer campeonato, la emoción de la Conmebol cuando nadie daba un peso por nosotros, el descenso y la gloria del regreso. Central es la alegría, el llanto, el tema de conversación, las cargadas, la hinchada incomparable, pero por sobre todo es el orgullo de la mejor herencia que mi padre pudo dejarme. Quiero mandarle a mi gente "canaya" el abrazo más grande, el que sale de este corazón azul y amarillo. ¡Vamos Central, carajo!



































