A los jóvenes dirigentes peronistas del país quiero hacerles llegar mi mensaje de reflexión política. En los años de mi adolescencia (década del 70) leí el libro "La razón de mi vida", autobiografía de la esposa del general Perón, Eva Duarte, en el cual advertí la extraordinaria fidelidad de dicha señora a las ideas de su esposo. Hoy, a través de internet, cualquier persona puede tener acceso a leer también "Las veinte verdades peronistas", que constituyen una parte de su doctrina. De las cuales citaré algunas, tales como: "El peronismo es esencialmente popular. Todo círculo político es antipopular, y por lo tanto no es peronista", "El peronista trabaja para el Movimiento. El que en su nombre sirve a un círculo, o a un caudillo, no es peronista", "En la nueva Argentina el trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume". Obviamente, a estas les siguen otras que por falta de espacio no menciono. Como desde el peronismo auténtico nadie explicó jamás por qué las verdades del general Perón se desvirtuaron de manera desmedida en los gobiernos acaudillados por Menem y por Néstor y Cristina Kirchner, a los jóvenes militantes actuales los invito a preguntarse: ¿no constituyeron el menemismo y el kirchnerismo dos fracasos del peronismo? ¿No es tiempo ya de distinguir claramente la diferencia entre lo popular y el populismo? ¿No creen los jóvenes peronistas (y los no tan jóvenes) que en sus 22 años de gobierno los "caudillos" mencionados vulneraron sus privilegios, les faltaron el respeto y les tomaron el pelo? ¿No piensan que sus ideas tienen en la doctrina peronista la suficiente demasía como para ser guiadas por una ideología? Es hora de que el peronismo recupere la identidad. La nueva Argentina, con la que soñaba Juan D. Perón, no necesita de titiriteros, de ególatras ni de dinosaurios dispuestos a enquistarse para siempre en la dirigencia política, menospreciando la dignidad de la doctrina peronista y del pueblo, sino del servicio, del conocimiento y del sano aporte que los frescos años pueden dar para la construcción de la gloriosa Nación que anhelamos.
































