El presidente francés, François Hollande, rechazó categóricamente ayer las afirmaciones de la ex primera dama Valerie Trierweiler según las cuales él no quiere a los pobres, y agregó que pese a su impopularidad seguirá en el poder hasta el fin de su mandato en 2017. Hollande afirmó también que está “al servicio de los más pobres”, lo que es su “razón de ser” y pidió respeto para el cargo que ostenta tras la publicación del explosivo libro de su ex compañera.
El mandatario descartó que sus niveles récord de impopularidad en Francia puedan provocar su abandono del poder. “No hay sondeo que pueda interrumpir el mandato que me dio el pueblo”, dijo. Sus declaraciones se dieron en respuesta a la publicación de “Merci por ce moment” (Gracias por ese momento), en el que la ex primera dama, la periodista Valerie Trierweiler, afirmó que el presidente habla de los pobres como de los “sin dientes”. Reaccionando por primera vez públicamente al libro de Trierwieiler, de quien se separó en enero, Hollande denunció los ataques contenidos en la obra. “No dejaré que se ponga en duda la concepción de mi acción al servicio de los franceses, y en especial de la relación humana que tengo con los más frágiles, los más modestos, los más humildes, los más pobres”, dijo.
Momento sombrío. Hollande vive el período más sombrío de su mandato, con una impopularidad récord, desastrosas revelaciones sobre su vida privada y una economía nacional estancada. “¿Hasta dónde puede aguantar el presidente”? se preguntó ayer el diario conservador Le Figaro. “Inexorablemente, se acerca el momento en que François Hollande se hallará totalmente paralizado. Ese día, habrá que darle la palabra a los electores”, dijo.
Hollande, que asumió la presidencia en mayo de 2012 tras ganar las elecciones presidenciales al anterior jefe de Estado, el conservador Nicolas Sarkozy, ha vivido dos semanas devastadoras, política, económica y personalmente. El primer choque se produjo el 25 de agosto, cuando el premier Manuel Valls presentó la dimisión de su gobierno, tras días de duras críticas del ministro de Economía Arnaud Montebourg contra la propia política económica del Ejecutivo.
El nuevo gobierno, que sigue presidido por Valls, marcó un claro giro liberal, dejando de lado al ala izquierda del partido socialista, buena parte del cual se identifica cada vez menos con la política económica del gobierno. Solo 9 días después de ser nombrado, el secretario de Estado de Comercio Exterior tuvo que dimitir el jueves, debido a problemas con el fisco. Pero este incidente es menor si se compara con las mediocres estadísticas económicas y sociales, que ensombrecen la presidencia de Hollande: un crecimiento nulo y un récord histórico de desempleo (casi el 11%). Desde la elección de Hollande hace algo más de dos años, Francia cuenta con 500.000 nuevos desempleados.
Finalmente, llegó esta semana lo que la prensa gala llamó el “golpe de gracia”: la inesperada aparición del libro de la ex primera dama. Se trata de un despechado ajuste de cuentas, en el que Trierweiler relata situaciones y anécdotas incómodas y algunas hasta devastadoras para el jefe de Estado francés.
Bajos mínimos. Los últimos sondeos de opinión reflejan la precaria situación de Hollande: según el barómetro de TNS-Sofres para el Figaro Magazine —realizado antes de la “bomba” provocada por el libro de Trierweiler— la popularidad del jefe de Estado cayó cinco puntos en dos meses, a apenas un 13%, récord histórico para un presidente. “Su nivel de popularidad es tan bajo que difícilmente puede caer más”, admite el politólogo Philippe Braud.