En tiempos en que las supervisoras eran inspectoras, había una (no la única) que siempre presumía de poder anticipar "qué ocurría en cada escuela con sólo pisar la puerta de entrada". Cosas de la experiencia, argumentaba además. Quizás lo que no cerraba era el tono de comprobación que ganaba a aquella afirmación. "Sé muy bien lo que pasa, sé lo que hay que corregir". Algo más o menos así. María Beatriz Jouve (o Betty Jouve, como más se la conoce) se para también con sabiduría frente a la escuela y sus rincones. Pero felizmente desde otro lugar: aquel que quiere encontrar las razones de por qué un niño puede confiar en una maestra y no en otra para contarle un secreto que lo atormenta o una metida de pata; o por qué los maestros deben explicar que viven de un salario, cuando son parte de los seres vivos que "nacen, crecen, a veces se reproducen y mueren", y por tanto tienen las mismas necesidades que cualquiera de la especie.































