Mirando el noticiero, vi con horror cómo ejecutaban a miles de personas y las arrojaban en fosas comunes. Fue grande mi espanto, no podía creer que en pleno siglo veintiuno sucedan estas cosas. Por la tarde, me tuve que hacer unos estudios en Cruz Azul, sección gastroenterología. Cuando llego, con los temores lógicos que todos tenemos, la amabilidad, desde quienes atienden en mesa de entrada hasta dentro de la sala de cirugía, me dio mucha paz y tranquilidad. Mientras me preparaban, observaba a esos hombres y mujeres jóvenes alrededor mío, haciendo todo lo necesario para el estudio, mientras se dirigían a mí cordiales y con un sonrisa. Cuando desperté, allí estaban dándome el diagnóstico, correcto y preciso. Bien, pensé, el mundo no está perdido mientras halla personas como ellos que con profesionalismo y sabiduría no sólo te curan el cuerpo sino que te fortalecen el alma. No son famosos, no sabemos algunos nombres, pero debemos estar agradecidos y llevarlos grabados en nuestros corazones.
































