Solamente aquel que ama la docencia, aquel que desde sus primeros años de juventud transitó por pasillos poblados de adolescentes, aquel que se preparó, continuó su perfeccionamiento, aquel que una vez con alegría y honor tomó la dirección de esa, su escuela, y dio todo por ella (hasta “abandonar” los propios hijos, y hacer de médico, psicólogo, pedagogo). Solamente aquel que alguna vez no durmió por cuidar el prestigio, la integridad, el nombre de su escuela, puede comprender la gran responsabilidad que significa ser quien dirige una institución. Quiero con esto hacerles un pequeño homenaje a dos compañeras que acaban de jubilarse como directoras de las escuelas de las localidades de Fuentes y Coronel Arnold, Silvia y Lucrecia, respectivamente. Un agradecimiento a tanta dedicación en sus escuelas y gracias por dejarme compartir este camino con ustedes.





































