Necesito manifestar la sensación que me quedó al ver y escuchar el discurso presidencial el pasado 25 de mayo, en la histórica Plaza de Mayo. Noté mucho odio, mucha bronca, demasiado resentimiento en el rostro y en las palabras de Cristina Fernández de Kirchner. Hasta en la forma de gesticular, vi eso. Es mi perspectiva, seguramente no la de esa gente que estuvo presente ni la de aquellos que adhieren a las políticas del gobierno nacional. Pero, bueno, me animo a dar una opinión, ya que ella misma dijo que tenemos todo el derecho aquellos que no compartimos ciertas cosas. Además, me cuesta aceptar que la señora presidenta le hable a los gritos a los argentinos. No me imagino a Barack Obama enunciando frases altisonantes a los norteamericanos, por ejemplo. Los discursos de Cristina, generalmente, son con un tono de voz elevado, con un enojo inexplicable si se tiene en cuenta que la Argentina, según el gobierno nacional, durante estos últimos diez años es el ejemplo a imitar. Me parece que hasta en lo gestual se percibe bronca hacia ciertos sectores opositores, aquellos que presentan una mirada distinta sobre la manera de gobernar el país. Y máxime cuando ella misma accede a la publicación de datos adversos, como por ejemplo que, según la UCA, los niveles de pobreza alcanzan casi el 27% ó que, según el Indec, la mitad de la fuerza laboral ocupada cuenta con ingresos inferiores a los 3.500 pesos mensuales. Creo que esto la enerva más todavía y motiva que conteste, a través de la cadena nacional, con cierta vehemencia. La verdad, no me agrada ver a la presidenta enojada, desafiante, enérgica, elevando la voz. Me gustaría escuchar discursos parecidos a los que brindan algunos ejecutivos, donde no solamente son especialistas en la utilización del léxico sino también excelentes comunicadores, de manera tal que quienes ofician de oyentes queden conformes por el aprendizaje recibido. Por supuesto que un gobernante debe ocuparse de generar bienestar a la población, en primer término. Pero también es importante que sea un buen orador a la hora de dirigirse a los ciudadanos.





































