Fichas bajas en un juego ajeno. Los tahúres ganan y pierden en desmesura. Es su regla; nada vale tanto para no perpetrarlo ni tiene sentido mensurar las consecuencias. "Protegidos" creen que "trabajan" de ello. Rifan vidas con la impunidad que da la ineficiencia de un Estado más preocupado en destacar a los medios como culpables de los finales trágicos que a su propio fracaso. Somos fichas que a diario mutan de nombre para engrosar registros. Fichas tiradas sobre el paño. En la mesa siempre parece haber lugar para uno más: policías con vocación de delincuentes, piratas del asfalto y secuestradores prósperos con sus pymes en expansión, lumpen con carné de asesino al día, fiscales ineficientes, en el mejor de los casos, y jueces a los que les queda enorme el rótulo que sueñan con ser camaristas o al menos adormilar algún jury. Sin habernos consultado, todos somos socios. Algunos de las utilidades, muchos más, solo de las pérdidas. Demasiadas gotas para un vaso.
































