Hace cuatro años hacía pública una carta similar a la de hoy (La Capital, 22/09/2012) y dos años más desde que inicié junto a un grupo de vecinos el reclamo correspondiente ante las autoridades municipales, reiteradas en el mismo año (Nº expediente 5253-V-2012, solicitudes Nº 21573/2012 y Nº 21627/2012 SUA). Llama la atención que el tiempo transcurra tan lentamente en las laberínticas oficinas del gobierno de la ciudad, porque la situación sigue sin resolverse. El bar Pretoria, sito en la calle Zeballos al 700, vereda par, hace uso de las instalaciones como salón de fiestas hasta altas horas de la noche, impidiendo el descanso. Es sorprendente que este tipo de negocio goce de estos beneficios, siendo que no posee los elementos de insonorización necesarios ni la autorización requerida para tales usos. (En las redes sociales, al día de la fecha, publicita la organización de fiestas privadas, por ejemplo). Cabe aclarar que he enviado notas al propietario del inmueble en varias oportunidades, el señor Javier Paradiso, locador del mismo, quien se desembarazó del problema aduciendo no ser de su responsabilidad. Pero no se trata sólo de una cuestión de decibeles, es la violación de las normas que regulan la vida ciudadana y establecen los derechos y obligaciones entre lo público y lo privado. Las escurridizas fiestas que alternativamente se organizan, constituyen una burla a los controles, que deberían realizarse oportunamente. Pero claro, hoy lunes, Pretoria bar, amaneció de vacaciones.
































