España, a través de los graves problemas que ha tenido con la inmigración, los elevados porcentajes de desocupación y la situación económica del país, una de las peores de Europa, han obligado a reformar y/o dictar leyes para los extranjeros que ingresen al país, excepto los de la comunidad europea. Cada país tiene sus leyes y hay que respetarlas. Este prólogo lo hago respondiendo a la carta de Gloria Virginia Paz, publicada por este diario el 30 de octubre. Los españoles no juegan con sus sentimientos, en todo caso sería el gobierno español que dicta las leyes. Entiendo su enojo y su impotencia. Pienso que la solución a este problema pasa por la Cancillería de ambos países. Se tendrían que reunir para llegar a un acuerdo y firmar convenios bilaterales de reciprocidad. Menos burocracia y mayor agilización de los trámites aduaneros. No me cabe ninguna duda que la Cancillería argentina, si se pusiera las pilas, como usted dice, allanaría el camino para la solución del problema. Como español que soy, residente en Argentina, le pido las disculpas que el caso merece.
































