El contenedor con la carga de pulpa de peras y cocaína fue embarcado el 9 de noviembre en el buque Miltiadis Juniors III en el puerto de Zárate. Llegó a la terminal de contenedores de Alacantar en Lisboa el 12 de diciembre.
El contenedor con la carga de pulpa de peras y cocaína fue embarcado el 9 de noviembre en el buque Miltiadis Juniors III en el puerto de Zárate. Llegó a la terminal de contenedores de Alacantar en Lisboa el 12 de diciembre.
La pulpa de peras había sido adquirida por la empresa de la que es presidente Carlos Ruvolo a una firma de Alvear, en Mendoza. Esa carga pasó por dos depósitos. En uno de ellos la pulpa de peras fue manipulada. Primero pasaron los panes de cocaína de sus envoltorios a bolsas de aluminio y luego quitaron de los tambores el equivalente al peso de los panes de cocaína y colocaron las bolsas en el medio del tambor de acero laminado. Las bolsas con la droga quedaron sostenidas por la densidad en la carga de pulpa de fruta. Iban 10 kilos por cada tambor.
Como la carga de pulpa de peras salió de la empresa que la vendió en envases plásticos termosellados, los traficantes debieron cerrar nuevamente los envases violados con un sistema similar al usado en fábrica. Los narcos, además, usaron ácido muriático para neutralizar el olor nauseabundo que provoca la fruta al pudrirse.
Antes de ser embarcada, la carga fue escaneada, se le pasó un densímetro y fue olfateada por perros antinarcóticos de la Aduana Zárate-Campana. No fue detectada.
Los traficantes habían tomado precauciones. El densímetro mide la radiación y capta la densidad de la mercancía. No está diseñado para detectar droga. El escáner del puerto de Zárate trabaja con rayos angulados y no es apto para detectar la droga, ya que solo escanea siluetas. Y los perros no olieron nada porque la carga estaba en medio de la pulpa de peras con ácido muriático para evitar el olor a podrido.
