El pasado sábado he visto cómo muchos pasaban de la euforia a una desilusión profunda (no me atrevería a llamar depresión, supongo que ésta es más compleja) por un partido de la selección nacional, un partido en cuartos que supuestamente nos daría cabida para estar en una semifinal del campeonato mundial. He escuchado infinidad de comentarios y de análisis, he leído impactantes titulares de distintos diarios del mundo y por lo que se ve todos nos asignan cualidades que solo pueden presentarse en nosotros. Mirándonos un poco el ombligo, nuestro ombligo, nadie pensó en darle paso al sentido común; nadie pensó en volver a priorizar estas dos palabras. Un país serio puede tomar estos momentos que se presentan cada cuatro años como algo natural y no una situación donde supuestamente "nos jugamos" no sé qué cosa. Tendríamos que hacerles un paneo cerebral a todos los fanáticos, para ver qué los lleva a priorizar esto y no cualquier otra. ¿No se darán cuenta de que el fútbol es negocio de unos pocos, donde se intenta "capitalizar la psiquis" de una gran mayoría? ¿Para qué? ¿Con qué sentido? La gran mayoría gustosa de este "deporte" tendría que acomodar sus prioridades de acuerdo a la verdadera importancia que tienen las cosas. Este deporte no puede darnos una "identidad inamovible", no tienen (no deben) identificarnos o reconocernos por el mismo. Nos tendrían que reconocer por otras virtudes muchos más valederas y que sean realmente parte de nuestro ADN como país responsable y serio (a pesar de que muchos trabajen para lo contrario). Es fútbol, nada más, y no todos tienen la obligación de participar en un seleccionado, no todos tienen la obligación de sentirse cómodos en el mismo. No está mal alentar, no está mal sufrir un poquito, pero de ahí a darle la importancia de un tema prioritario para un país. Supongo que cuando la dirigencia responsable en este tema se descontracture un poco, se trabaje con gente idónea y dé paso a los recambios naturales del tiempo (en todos sus estamentos), la selección que nos representa tendrá los aires nuevos necesarios para ver un horizonte que todos los días tiene matices de luces diferentes.


































