Amalita Fortabat, fallecida ayer a los 90 años, a la par de sus actividades empresariales de alto vuelo desarrolló una intensa labor cultural y filantrópica de la mano de su raigambre como coleccionista de arte. En 1992 fue designada presidenta del Fondo Nacional de las Artes. Por esos años, su fortuna seguía vigente: otra vez, la revista Forbes la citó como la tercera persona más rica de la Argentina, con una fortuna de 1.600 millones de dólares, precedida por Gregorio Pérez Companc y Roberto Rocca.
Ese mismo año marcó otro récord: luego de leer un artículo sobre una niña albanesa que había perdido un brazo en una mina, realizó la mayor donación privada de la historia del Programa Mundial de Alimentación de la ONU con 500.000 dólares para los refugiados y para financiar la operación de la joven.
En 2000, delegó la mayor parte de las funciones de sus empresas a Alejandro Bengolea, su nieto. Las deudas millonarias y problemas financieros se hicieron habituales en los últimos años, motivo por el cual tuvo que subastar cuadros por sumas millonarias. Finalmente, a sus 84 años vendió la cementera Loma Negra, empresa ícono en la Argentina, al grupo brasileño Camargo Correa.
Desde mediados de la década pasada orientó su actividad a la filantropía y el arte. A partir de entonces se dedicó a reflotar su colección de arte, con la apertura de su propia galería: el Museo Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat , en Puerto Madero.
Amalita y su esposo también impulsaron un equipo de fútbol de la cementera que jugaba en la liga de Olavarría. Era un club que había sido fundado en 1929 con la intención de que los empleados de la empresa cementera practicaran un deporte en grupo y se diviertieran en los tiempos libres.
Pero a comienzos de los 80 la situación comenzó a cambiar. Apareció un fondo de dinero proveniente de la empresa, y ese pequeño club, llamado Club Social y Deportivo Loma Negra, comenzó a contratar a los mejores jugadores y a elevar su infraestructura y organización. Amalita Fortabat luchaba para que "su equipo", como ella misma decía, llegara a la cima del deporte.
En el torneo nacional de 1981 de la primera división del fútbol argentino, el equipo terminó tercero en su zona, detrás de Ferro y River.
En 1982 no logró acceder al Nacional pero todo el país estuvo pendiente del partido que jugó en la cancha de Racing de Olavarria, el estadio Ignacio Zubiría, actualmente llamado José Buglione Martinese.
El 17 de abril de 1982 Amalita logró contratar a la selección de Unión Soviética, que había empatado 1-1 un amistoso con Argentina para disputar un partido en Olavarría. Amalita pagó 30.000 dólares al equipo soviético y no le importó que solo se recaudaran 12.000 dólares. Loma Negra ganó 1 a 0. La victoria causó sensación y recorrió el mundo, ya que la selección soviética llevaba 18 partidos sin perder, sumaba 13 triunfos y 5 empates con 43 goles a favor y solo 10 en contra.
Con el pasar del tiempo el equipo volvió a la normalidad. Dejó de aparecer en los diarios nacionales para regresar al fútbol amateur de Olavarría.