Hoy, 10 de marzo, se cumple un nuevo aniversario de la desaparición de una empresa que supo ser en su momento la comunicación fundamental para el servicio de cargas y de pasajeros. Ferrocarriles Argentinos funcionó desde 1948 hasta el 10 de marzo del año 1993. La historia de este trágico suceso es muy larga y excedería la longitud de esta carta. Fue un trabajo impulsado por dirigentes políticos, gremialistas, ingenieros viales, la industria automotriz en todas sus alternativas, traidores dentro del ferrocarril que perjudicaron a los verdaderos ferroviarios de alma, los medios de comunicación del momento y sectores de la sociedad que apoyaron esta brutalidad. El negocio inmobiliario puso el sello definitivo a cualquier recuperación ferroviaria destruyendo las instalaciones existentes, telégrafos, locomotoras a vapor y documentación técnica. Durante años recibí críticas porque defendía algo que amaba y trataba de comunicar a la sociedad del desastre ocurrido. A 22 años, continúo en la lucha y vuelvo a decir, qué equivocados estaban. Recuperar los ferrocarriles es un desafío arduo, pero no imposible. Tenemos que volver a aprender el oficio nuevamente, porque otro de los objetivos fue erradicar la mano de obra para que las generaciones futuras no conozcan y aprendan. Debemos estudiar y redescubrir lo que significa el transporte ferroviario para una nación.































